Escucha a las piedras, incluso ellas tienen su grano de sabiduría. ¿Cuánta sabiduría tienes tú en cambio? Es un bien bastante escaso en los humanos, la única certeza que tienen es que van a morir.
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viernes, 13 de mayo de 2016

¿Quién soy hoy?

"Escribir novelas permite al novelista vivir buena parte de su tiempo instalado en la ficción, seguramente el único lugar soportable, o el que lo es más. Esto quiere decir que le permite vivir en el reino de lo que pudo ser y nunca fue, por eso mismo en el territorio de lo que aún es posible, de lo que siempre estará por cumplirse, de lo que no está aún descartado por haber ya sucedido ni por que se sepa que nunca sucederá". Javier Marías; Siete razones para no escribir novelas y una sola para escribirlas; texto publicado en 19993, incluido en Literatura y fantasma (Alfaguara, 2001; DeBolsillo, 2009)

No suena ningún despertador. Desde que vivo sólo, en todos los aspectos, no necesito de ese artilugio que es capaz de matar. Está científicamente demostrado, os lo prometo, a mí me lo enseñó un técnico de sonido y me propuso un reto que jamás aceptaré. El caso es que no suena ningún despertador, ni ningún móvil. Esa ausencia de tecnología me salva de tener que elegir quién soy ese día, lo cuál no deja de ser una contradicción de nuestros tiempos. Somos la generación más libre de todas hasta la fecha, pero incapaces de ser libres de nosotros mismos. El caso es que cada día no tengo que preguntarme si soy el sabio lacónico de Twitter, el seductor de Tinder, el galán de vida perfecta de Facebook, el experto comunicador de You Tube, el artista de DeviantArt, el mecenas de Kickstarter, el fotógrafo de Instagram... Está de moda ser auténtico, es un tema que denuncia Miguel Barrea en sus periódicas entradas de bitácora, y no entiendo quién es capaz de conocerse tan a fondo cómo para desarrollar su autenticidad.

Al menos yo me siento incapaz de ir saltando entre alter ego a cada cual más fascinante, suficiente tengo con ser quien soy. Prefiero esa visión con luces y sombras que la retocada y editada hasta la extenuación en Photoshop. ¿No sería así más fácil para todos?  Me refiero a ser sinceros con nosotros mismos, a no engañarnos, a aceptar la idea de que el día de hoy no se va a repetir. El tiempo es el que es y no merece la pena perderlo dando rodeos a los mismos problemas una y otra vez. Sin embargo, lo que compruebo de mis conversaciones con otros es el terror a comprender el mundo a incidir y que incida en uno. El miedo a encontrar una verdad que antes se nos ocultaba. Dicho de una forma cinematográfica, me recuerdan al personaje de Alexander, Sacrificio de A. Tarkovski (1986), cuando se pregunta como sus antepasados podían vivir con mapas tan lejanos a la realidad vanagloriándose de todo lo que cree saber. Dicho de otro modo, practicamos el autosabotaje emocional. No emprender actividades por miedo al fracaso, no vaya a ser que sólo pensemos en nosotros y no en nuestras parejas y sus posibles problemas, no vaya a ser que encontremos a alguien que cambie nuestro status quo de creación ajena, no vaya a ser que descubramos algo nuevo. Algo o alguien.

Es como cuando cuentas el sueño de tu vida y te preguntan por qué no das los pasos necesarios para poder alcanzarlo. Se hace más evidente cuando ese hito onírico tiene relación con el mundo laboral. I´m not cool pronunciábamos en las aulas de storytelling. Me van a perdonar que les chafé esa imagen tan sólida que tienen de ustedes mismos un viernes 13, pero es sólo eso, una imagen retocada.



jueves, 4 de febrero de 2016

El Macbeth de la pérdida

"Al igual que el héroe clásico se sentía atado por su destino el hombre actual se siente atado por la sociedad, es un esclavo de todo lo que no le han permitido ser y sus ojos dictan una sola palabra: soledad" G. La buhardilla.


Justin Kurzel sería considerado en España un director novel al haber firmado sólo 3 películas, pero ha acertado con una adaptación donde el texto forma un apoyo más a la narrativa dejando que sea el todo lo que dé el sentido a la obra y no un acompañamiento. Se ha atrevido a rechazar el dictamen general sobre la obra de Shakespeare sin quitarle valor alguno, añadiendo el pensamiento que tiene el Ser Humano en el s. XXI sobre sí mismo y dando en la tecla acertada desde la intuición. La intuición con la que Shakespeare escribía sobre el hombre. 

Macbeth se nos presenta como un guerrero, experimentado capitán de las tropas del rey Duncan, recibiendo tropas supletorias para adentrarse en batalla. Las tropas son meros muchachos que seguramente no conocen el calor del lecho compartido con mujer y no sólo eso; para Macbeth son espejos del niño al que no ha tenido tiempo de llorar. Este Macbeth está roto desde el segundo 0 de la película y por eso surge envuelto en una nube naranja, es un hombre al que se le ha negado el tiempo para llorar a su hijo y consolar su matrimonio para defender a los hijos de los súbditos de Duncan y encima le envían adolescentes al combate. Sus deberes son más pesados que sus derechos y es esa ausencia de paz interior la que le convierte en el miedo. Sí, Macbeth es el MIEDO al minuto 10 de película cuando se encara y encuentra al líder enemigo impoluto, limpio mientras Macbeth va con las pinturas de guerra y con sus fluidos corporales mezclados tanto con los de sus aliados como sus enemigos, cuchillos en mano. Sólo necesita mirarlo para vencerlo. El campo de batalla es la paz en Macbeth; así se muestra con la ausencia de sonido, la ralentización de la cámara. 

Shakespeare utiliza con maestría a las brujas para darle un cariz de héroe clásico a su personaje y lo envuelve en un destino del que no puede escapar y donde mostrará la quitaesencia tanto de las virtudes como de los defectos del Hombre. Las brujas parecen acertar y se ve con posibilidades de reinar en Escocia. ¿Quién sino él merece reinar? ¿Quién sino él es el que más ha perdido por defender Escocia? Es ahí lo bonito de la ambición de Kurzel y todo su equipo, poner la pérdida por encima de la ambición. Sí Macbeth pierde un hijo y la posibilidad de llorarlo, Lady Macbeth pierde a un hijo y la posibilidad de ver que su sufrimiento es el sufrimiento de su marido tanto como lo fue su amor encarnado en ese hijo profundo perdido. Lady Macbeth no pide, exige a su marido que sea un hombre tal y como le enseñaron a ella que los hombres eran, tal y cómo había cumplido Macbeth hasta ese momento. Quiere venganza, el piadoso Duncan en su incapacidad por apagar por su propia mano sus problemas no recuerda la pérdida de este matrimonio. Para una mujer no hay nada peor que perder a un hijo sin poder hacer nada, ver como la llama del amor hecho vida se apaga sin poder hacer nada. Duncan viene para celebrar el triunfo en un momento en el que tocaba celebrar una pérdida, cuidar a su más fiel vasallo. En su inocencia es incapaz de ver la necesidad del momento, la pérdida que ha de restablecerse. Lady Macbeth empuja a su marido a algo que ella no conoce por mucha rabia que tenga. El peaje que se paga por matar un hombre es enorme, el peaje que se paga por matar a un hombre y defender una nación no trae noches de alivio y es un peaje que Lady Macbeth no conoce. 

Es la historia de un matrimonio que se pierde. Al hombre se le ha educado durante muchos siglos que es el que tiene que traer el alimento al hogar, que no tiene que mostrar sus sentimientos, que no puede llorar, que sus problemas son superiores a las fuerzas de la mujer y que no debe causarle penar contárselo, que tiene que evitarle todo el dolor posible. Macbeth necesitaba llorar, reventar y restaurar la vida del matrimonio, expresarle que la necesitaba y llevarlo a la paz. Lady Macbeth hace lo contrario y embala una insana ambición. Shakespeare en casi todos sus dramas muestra sin hacer juicio como la meritocracia es la mejor forma de democracia. Malcolm no se merece ser rey y Macbeth en lugar de esperar a que el tiempo lo corone se lanza a cumplir lo que le dicta su mujer. Total se parece a lo que le dictan otros, mata a este, trae la cabeza de este otro, vence a aquel. 

Empujar a alguien al borde de la locura al lado equivocado es un hecho que no puede deshacerse. Una vez asesinado el rey y coronado Macbeth se nos muestra la primera documentación de un estrés postraumático por una vida perdida en batallas. Se nos invita a asistir a un inmersión íntima a la locura. Lady Macbeth con su venganza saciada no puede hacer nada por rescatar a su esposo. El naranja envuelve a Macbeth tanto que hasta se lo pone en la ropa, el naranja de la batalla, el naranja que le envuelve y protege, nada entra en ese naranja. La sangre quiere sangre, Macbeth necesita luchar. Hasta ese punto podemos decir que las acciones de Macbeth son virtuosas. Duncan no ha sido capaz de sacrificar la corona por los hijos de Escocia y no ha hecho nada por entender a Macbeth. Sin embargo este se pierde no sólo al querer ver a su amigo, camarada, compatriota Banquo muerto, sino también a su hijo. En otro momento Macbeth habría entendido que todos los hijos que de la tierra de Escocia florece son sus hijos. Ahí radica la idea que Kurzel tiene sobre Shakespeare. Sí hubieran dado tiempo a Macbeth y no lanzado contra la vanidad este habría sido un buen rey. Un rey capaz de liderar tanto en la tierra como en el campo de batalla a su pueblo, de apostar su corona a cada problema y de vencerlos. Macbeth traiciona el propósito que le había sido designado. Matar a un hijo de Escocia, al de su amigo. Se traiciona a sí mismo y se pierde, es consciente de que se pierde y no es capaz de pedirle auxilio a Lady Macbeth, iría en contra de lo establecido por la sociedad-

Habitualmente Shakespeare usa a sus personajes como diferentes caras de un mismo objeto; Macduff es la otra cara de la moneda. Si tenemos a un hombre que se ha perdido la historia necesita un hombre que lo pierda todo. Si además para conseguirlo nuestro protagonista se traiciona aún más la ecuación sale perfecta. Macduff es guerrero antes que hombre como Macbeth. El crimen que se comete contra su familia nos muestra al verdadero enemigo. Malcolm le dice que lo afronte como un hombre, Macduff le increpa que para hacerlo también tiene que sentir como tal y se derrumba. El mundo no es un hogar para gente como Macbeth y Macduff. De la misma manera trata Kurzel al matrimonio Macbeth con la culpa en un encadenamiento de monólogos magníficamente montados. Ella se suicida por sus remordimientos y él tras bailar, literalmente, con la muerte y la locura busca lo que ha añorado desde el principio: la paz. Por desgracia para él su paz no son los labios de su mujer sino el campo de batalla teñido por los sesos estampados contra el suelo, con la niebla naranja rodeándole. 

La secuencia de combate es plasticidad pura, dos lados de una moneda doblándose hasta destrozarse tanto que rompen la propia moneda. Acaban solos y destrozados, nadie se atreve a tocarlos, ni a ellos ni a la espada clavada en el suelo de Macbeth. ¿Un guiño a Arturo? No tienen ese derecho. Ambos personajes lo han perdido todo por defender a los demás y a la idea de Escocia; necesitan terminar con su tormento y encontrar la paz. La película podría haber terminado en el plano cenital de ambos tendidos en el suelo pero sin yacer mientras el ejército pasa, pero Carver decía que el mejor de los finales es siempre el tercero, así que añade un montaje paralelo donde muestra la ambición de Malcolm por la corona y al hijo de Banquo todavía un niño que se acerca al cadáver de Macbeth para tomar la espada, el cielo se vuelve rojo. Macbeth a diferencia de Banquo no ha tenido la posibilidad de demostrarse como un buen padre y el hijo de Banquo a diferencia de Macbeth tiene tiempo para llorar la pérdida, crecer y ser el líder que Escocia merece. Es pura posibilidad.

Kurzel trae con un magnífico trabajo de interpretación y un rotundo golpe de mesa a Shakespeare al s. XXI con una profundidad antropológica y psicológica que atrae una dimensión más al ingente universo del dramaturgo inglés, Fassbender muestra un baile con la locura como si fuese sencillo y demuestra que su nivel medio es el 120%  y Cotillard no se queda atrás. Macbeth es eso, otra vez la historia de las posibilidades perdidas, del futuro prometedor que se convierte en infierno rojo, un reflejo de todos los hombres que no pudieron ser hombres porque les educaron para ser escudos de ideas abstractas, para ser armaduras andantes y no mostrar públicamente debilidad alguna, para resolver problemas ajenos antes que amar. Hombres que se pierden sin encontrar apoyo pero que no van a dejarse caer, hombres que se sienten solos y llamados por la noche, hombres que saben que no son hombres, pero que mueren de pie.

¡Dios salve al rey de Escocia!

PD: El Shakespeare de la pérdida y la incomunicación, me alegra que salga bien un proyecto así, es él que quería hacer.

lunes, 15 de octubre de 2012

Mi verso

Prosigue el drama y no sé la voz de mi verso,
me pierdo, se escabullen las palabras y pistas;
busco en vano, anhelo el momento perfecto
y no encuentro ni vocablo, ni escena, ni rima.
Ya concluyó el primer acto y de momento
me hallo mudo y la crítrica me abomina;
leo por necesidad al otro,
hablo para confirmarlo.

Sigo, aún, sin frase de telón,
desorientado, sin megáfono de mi pensamiento
avanzo sin gana, sin ínfula,
sin expresión, ni seria, ni bufa,
sin gracia, amor, ni vida.

Entonces miro mi vacío y sufrimiento,
abominable, odioso, destestable escarceo.
Cuidades de excrementables necios,
cuadrillas de amigos desleales;
el tiempo no pasa, sólo nosotros, nuestra escena.

Pero mi palabra puede cambiar el mundo
y no me sale Tío Walt.
Si en lugar de buscar pienso y siento.
Estoy vivo, existimos, somos bárbaros.
Me detengo en tu puerta, en tu entrada, en tu casa
y lo digo todo con nada;
tu felicidad, tu amor, ese es mi verso.

jueves, 7 de junio de 2012

La mesa de los locos soñadores

Hoy algo me ronda por la mente y me impide cumplir mis obligaciones. Creo que el S. XXI está empezando a tomar la forma del siglo de la falsedad. Ya no nos enamoramos sino que sufrimos atracciones hormonales, llamamos a los errores experiencia, ya no nos comunicamos sino que nos tuiteamos, ya no hay perdón sino una prorroga pasional, las manos ya no tocan otras manos y en lugar de enfrentarnos a nuestros problemas rehuimos a eso para criticar a otras personas. Y oigan, eso no me parece.
Creo en el esfuerzo. Pero en el esfuerzo de verdad y no en el esfuerzo de última hora por cumplir y quedar bien. También creo que si no te esfuerzas, si no haces algo, aunque ese algo sea cometer un error, sólo puedes esperar a tener suerte. Mirando a la calle no veo eso, no veo que el esfuerzo sea recompensado, al contrario, veo demasiados desconsolados. Ahora pienso en concreto, sueños, personas, proyectos, ilusiones y gente que intenta mermarlas. Porque da igual tu posición, cuando te lanzas a la búsqueda de ese algo siempre hay personas que intentan destruirte. ¿Por qué? Porque ellos no tienen el valor suficiente para hacer lo que tú haces, porque viven esperando golpes de suerte. Porque la autocrítica no tiene cabida en este país. Apenas hay gente que lo haga.
Estoy recordando conversaciones de personas que me criticaban algún comportamiento o objetivo al que costaba llegar y simplemente ell@s habían hecho todo lo que podían y todo lo habían hecho bien. Existe esa gente. Y ahí te quedas tú con cara de ñandú sabiendo que siempre se puede hacer algo más y algo mejor, que siempre cometes pequeños errores y lo que haces es que tus aciertos se vean más que tus errores. Y te toca tragar otra tempestuosa crítica que muchas veces no solo no mereces sino que se la debería dar a sí mismo la otra persona.
Pienso en esas personas que no sólo tienen proyectos, sino que los intentan llevar a cabo. Muchas veces apenas les conozco, pero les sigo desde la oscuridad que me proporciona sentarme en la mesa más alejada del bar. Estás ahí cuando eres necesario y no como muchas otras personas que solo están ahí cuando las cosas van bien. ¿A cuántas personas has ido abandonando a lo largo de un año? Esas personas lo hacen para sentirse cómodas. ¿Pero cómodas en qué, en la falsedad?
Yo me emociono cada vez que alguien se acerca y me dice que ha visto algún vídeo, me sigue por la radio, ha leído cualquier cosa escrita por mi puño. Me alegro, y me alegro sean las 12 como las 02. Me alegro aunque esa semana haya dormido una mierda. Y por eso no me gustan esas personas cercanas que muchas veces impiden a otras personas que te digan algo. Forman como camaradas de emociones y sentimientos que tú has causado en otras personas pero que nunca vas a poder saber porque, sencillamente, a otras personas les parece que no te mereces, que en realidad no eres mejor que ellos aunque ellos se pasen más tiempo de fiesta en fiesta que trabajando. Porque hoy en día hasta conseguir una sala para ensayar conlleva hacer gestiones.
Muchas veces no se reconoce tu trabajo, pasa más a menudo en la realización, porque el hecho de estar detrás, dirigir a una orquesta de personas se diluye con lo que se ve. O porque en lugar de poner quien ha sido el encargado de la fotografía te ponen como colaboración. Colaboración, muy bien, pero, ¿en qué? Igual es justo lo que sobresale.
Me apena saber que siempre habrá ese tipo de gente, gente del mínimo esfuerzo, del vamos a preparar esto para mañana te llamo pero no sólo no tengo nada preparado sino que espero que me lo prepares tú. Y también me alegra saber que siempre hay personas que siguen de cerca tus progresos por pequeños que estos sean, que hacen un poco como tú, escondidos en la oscuridad de la última mesa te observan entre bocanada y bocanada a la pipa. Al final te acabas rodeando de esas personas y acabas haciendo cosas con esas personas y en cuánto al resto, pues terminan siendo tu Rufus Wilmot.

PD: Siento expresarme tan mal.

martes, 15 de mayo de 2012

Un honesto deseo de futuro


"Mi vida ha sido capricho, impulso, pasión, anhelo de la soledad, mofa de las cosas de este mundo; un honesto deseo de futuro". Edgar Allan Poe (1809-1849)


Hoy he estado leyendo a una escritora bastante poco conocida por el público en general, Francis Sargent Osgood. Y como todo autor poco conocido tienes que llegar de alguna manera a su obra. Su descubrimiento para mí es sencillo: También fue famosa por sus intercambios poéticos con Edgar Allan Poe. Y no sólo fueron intercambios poéticos. Todo empezó con una crítica de Poe en una conferencia. El bostoniano le declaraba un gran futuro. Ella, también bostoniana le envió una carta diciéndole "es conocido como el crítico más duro del momento" lo que significaba que el elogio la había impresionado profundamente. 

Se conocieron en 1845 cuando Virginia, la mujer de Poe, sufría un avanzado estado de tuberculosis y Frances estaba separada, que no divorciada, de su marido, un desconocido pintor y muy conocido promiscuo. Virginia aceptaba la relación que tenía Poe con Frances, es posible que en su estado y conociendo a su primo quisiera que alguien lo cuidase y amase. Para Poe, Frances era un calmante. Sólo para impresionarla dejó el alcohol. Pero no todo era una cristal rosado, muchos criticaron esa "relación" difamándoles; y como las historias ficticias en la realidad esto terminó destrozando a la pareja. La también poetisa Elizabeth F. Ellet, cuyo afecto había despreciado el escritor, difundió rumores sobre los dos, llegando a comentar a Virginia las presuntas faltas cometidas. Ellet sugirió incluso que el tercer hijo de Osgood, Fanny Fay, no era de su marido, sino de Poe. Osgood, en un intento de preservar su honor, envió a Margaret Fuller y Anne Lynch para pedir a Poe que le devolviese las cartas que le había escrito a fin de destruirlas. En julio de 1846 el marido de Osgood exigió a Ellet que pidiera disculpas a su esposa, si quería evitar ser demandada por difamación. Ellet respondió en una carta retractándose de sus declaraciones y culpando de todo a Poe y a su esposa Virginia. Desde 1847, Osgood y Poe no volvieron a relacionarse.

El 3 de octubre de 1849 fue encontrado un borracho con evidentes síntomas de delirium tremens por las calles de Baltimore, ese borracho era Poe. Murió el 7 de octubre, no tuvo ningún momento de lucidez durante esos días. Dos días después de la muerte de Poe, apareció un obituario firmado por un tal "Ludwig", que luego se reveló era realmente el crítico y antologista Rufus Wilmot Griswold. Griswold, quien más tarde se convirtió en el albacea literario efectivo de las obras de Poe, fue realmente uno de sus rivales literarios, y quien posteriormente publicó su primera biografía completa, retratándolo como un depravado, un borracho y un loco turbado por las drogas, y llegando incluso a falsificar cartas del poeta como evidencia de ello. Se cree que gran parte de la evidencia utilizada para construir esta imagen fue forjada por Griswold, y a pesar de que muchos amigos de Poe lo denunciaron, ésta fue la interpretación que tuvo un impacto más duradero.
Frances volvió con su infiel esposo en 1947, ya empezaba a padecer la tuberculosis que se la llevaría, él la volvió a abandonar y solo regresó cuando su estado era crítico. Murió un año después que Poe, el 12 de mayo de 1850. 

Esas cartas que Poe no quiso devolver para salvarlas del fuego me han inspirado. El fuego que no quema salvando del fuego que acaba con lo que debería ser eterno. Ahí va mi pastelada:

¿Anhelas que te amen?
No pierdas tu gracia,
ni tu forma de sentir
porque aquellos que anhelen
tu sonrisa para vivir
te querrán por tu ser,
por tu forma sutil.
Por aquello que has de ser
te admirarán sin fin
y la espera para mí
será un gozoso...deber.


viernes, 11 de mayo de 2012

Compañeros de viaje

Todos los días leía el periódico. Empezaba por las esquelas. Quería saber si él había muerto. Leía el periódico en el bar, el mismo desde hace más de cuarenta años. El dueño del bar era desde hace ocho años un hombre del Este. De pelo corto y cara cuadrada, no hablaba mucho por las mañanas. Ella bajó a la misma hora de siempre. Eran algo más de las siete de la mañana.
 - Un cortado, por favor-pidió la mujer.

Tomó el periódico, no estaba el nombre que buscaba. Se tomó el café con calma, ya no trabajaba. Pero ella había sabido sobrevivir sola. A pesar de los golpes. La habían abandonado en el altar.

Él, un hombre guapo, alto y con recursos, había huido en el último momento. Con el tiempo era preferible pensar que lo hizo por miedo al compromiso, a la responsabilidad. Así que salió adelante como pudo. Claro que amó a otros hombres, pero nunca pensó en casarse. Ahora vivía sola.

Cuando acabó con el periódico dedicó un largo tiempo mirando a las personas que había en el bar. Para ella parecían personas cansadas, viejas, sin apenas esperanzas. Agonizando. Enfrente dos hombres jugaban a las cartas, ambos mayores, ancianos. Conocía a los dos. Había hecho el amor con el hombre de la derecha hacia unos treinta años. Por aquel entonces era un hombre de ojos verdes, rubio, trabajaba soldando y fumaba dos paquetes de cigarrillos al día. Ahora apenas tenía cabello, le costaba levantarse de la silla y tosía al entrar en un ambiente cargado. El hombre de la izquierda le convenció de comprarse una moto a principios de los sesenta. Gracias a esa decisión consiguió varios empleos. Hacía décadas que tiró la moto.

En ese momento entró un hombre calvo, de unos cuarenta años, ojos azules rasgados, portaba una guitarra. Pidió un café para llevar. Se marchó al recibir el pedido y pagar. Temblaba. Al salir el anciano de la derecha comenzó a llorar. Lo hacía cuando recordaba a su difunta mujer. Nadie se acordaba de la fecha su fallecimiento. Uno se veía incapaz de ayudar en aquel momento.

- Era tan bonito y tan triste. Reíamos juntos, lo triste era que solo nos podíamos reír de una manera -el viejo soldador le puso una mano en el hombro.
- Dimitri, ponle un pacharán -dijo.

La mujer veía la escena, ya le parecía algo normal. Reflexionaba sobre aquellos hombres que tenía enfrente. Pinceladas de lo que fueron, grandes cuadros que el tiempo echa a perder. Dejados a su suerte, ella misma había sido abandonada. Y se las apaño. Ellos tampoco lo hacían mal, después de todo.

A las ocho y media se marchó del bar como siempre. Sonaba música de cuerdas pulsadas. El hombre calvo tocaba la guitarra, sin importarle el frío. Y tocaba bien. Los acordes eran claros y no se atropellaban unos a otros. Tampoco cantaba mal. Francés, o por lo menos cantaba en francés. Cantaba canciones de Brassens.

Era irónico que la música durase más en el tiempo que los humanos. Y se miró las manos arrugadas. "Rompe el aire silencioso en ondas como yo hice con mis manos para sobrevivir", pensó. Le lanzó una moneda. No sabía su valor, ni le importaba. Ahora luchaba él para vivir, morir y volver a la tierra. La vida no es mala. Ella tuvo una buena vida. Lo malo es una agonía larga, eso acaba con los buenos momentos vividos. Hacía frío. Subió a su casa.

lunes, 16 de enero de 2012

Carta de amor

Carta escrita por Rafael Farfalla a Briony Tallis después de separarse sentimentalmente a principios de los años setenta.

Querida xxxxxx:
Como ves estoy escribiendo una carta al estilo antiguo, un arte que se ha olvidado. Tengo que confesarte una cosa, no me gustabas mucho al principio. Eras bastante torpe e ingenua. Olías bien la mayor parte del tiempo, pero no parecías tener interés en mí. Sé que te escondías del mundo, lo que, naturalmente, me parecía ofensivo. Yo seguí con mi vida, como siempre, empezando una y otra vez con un aspecto que el resto cree que es lamentable y a mí me parece idóneo.
Es curioso, algunas cosas son siempre las mismas. Seguí comportándome como un idiota, sin comprender que hay cosas que cambian en la vida, momentos claves que moldean todo a su parecer. A pesar de que lo sabía te dejé sola contra el mundo, ese sitio tan grande y repugnante donde nos han soltado para jugar a las casitas. Pero algo se transformó en mí, perdóname, aunque sepas que no pido nunca perdón, por no darme cuenta antes cuando todavía estábamos ahí, en el momento clave. ¿Te das cuenta con cuántas conversaciones estúpidas hemos matado el tiempo? Tanto tiempo perdido hablando por la noche, sin darme cuenta de lo evidente. Que me querías.
Y ahí estuvimos, en el momento clave, en el mismo punto por el que pasamos varias veces al día, sé que piensas en ello cuando lo pisamos, porque yo también lo hago y veo como me miras para ver si hago algún gesto. Yo hago lo mismo. Proseguimos nuestro camino ahora, pero, ¿lo haremos en el futuro? ¿Hablaremos con la misma periodicidad, con la misma sinceridad?

Quererte ha sido lo más bonito, profundo, simple, intenso, repugnante y doloroso de mi vida. De hecho ha sido casi insoportable. Merecía la pena. No sé lo que fui para ti, pero juré que iba a protegerte de este mundo sin darme cuenta de que yo era el primero que te heriría. Sin darme cuenta de que sería el que más daño te haría. Cuando pienso en todas las cosas que me has dicho, en todas nuestras confidencias, no logro quitarme de la cabeza si realmente han sido sólo nuestras. Quizá se lo has contado a más gente, esa canción que bailas cuando crees que nadie te ve, ese chico del instituto que tanto te gustaba al que conociste poco después para volver a casa riéndote de lo tonta que fuiste. Tú plato favorito en los momentos malos, mierda, he puesto plato y es un helado, cosas del antiguo estilo. No pienso borrarlo, tan solo de pensar que tienes que leer de mi letra es suficiente. ¿Dónde?, ah, por los insultos que más repetías los días que tenías la regla y yo te preguntaba como un imbécil que te pasaba. Todos los meses tan descuidado. La vez que lloraste a moco tendido en mi pecho, ¿esa vez fue sólo nuestra? Cuando me contaste las razones por las que sufrías, los problemas que destrozaban tu mundo, los cuales eran inevitables. Esos momentos en los que no dormías y te pegabas media noche mirándome, pensando que despertaría yo. Esos momentos en los que yo fingía dormir hasta que te abrazabas fuertemente con temor a que el tiempo se escapase. Yo era parte de ese mundo, un pilar de mármol rodeado de sus propias mierdas al que ibas para reconfortarte. Me lo pasaba bien, incluso en los días que me hacías sentir un bártulo inútil y yo no encontraba las palabras necesarias para hacerte sentir bien. Tan solo estaba ahí, inmóvil como una torre.

Cuando camino hacia adelante se me parte el corazón. No logro comprender como puedes hablar de mí con orgullo. ¿Cómo podrías hacerlo? Soy algo horrible. Noble en la teoría, débil en la práctica. Todo se está volviendo oscuro para mí, veo cada vez menos y tengo más fatiga. Quiero descansar de una vez y no tener que levantarme preocupado. Preocupado por mí, solo me importo a mi mismo, no me importa nada o me importa todo.
Es gracioso porque vuelvo a atravesar los problemas de la adolescencia, no sé como nombrarme. He de confesar, contigo ambos eramos unos adolescentes, unos niños en cuerpos de adultos, no queríamos responsabilidades, pero nuestro momento era lo más responsable que hemos exprimido en nuestras vidas. Hemos sido dos guerreros, luchando espalda con espalda, y me alegro que le tirarás el vaso a ese baboso pseudosentimentalista. Me alegra haberte hecho gritar tanto tiempo y que me golpearas, no me arrepiento de nada. Salvo de seguir adelante.
Tengo tantas conversaciones nuestras recogidas. Entenderé que no veas esta carta, es posible que no te la mande. Si la estás leyendo no te molestes. Mi antiguo yo era capaz de enviarla. Perdería la única copia, y ya me vale con perder tus recuerdos, formaban la mitad de mí. Me alegro de no ser mi antiguo yo. He cambiado mucho, los dos.
Desde que te conozco la mitad del tiempo he estado con esa gran y bobalicona sonrisa presidiendo mi gran, bobalicona y fea cara. Lamento ser como soy o no haber estado a la altura de las circunstancias. Para mí el tiempo se detiene en una de nuestra conversaciones. Y es algo perfecto, con todas tus excentricidades y manías. ¿Nos amamos locamente? ¿Nos amabamos? Ya solo queda la luz de una vela, se está haciendo tarde y mandará la oscuridad. Fue un placer compartir la conversación y los silencios.
Caprichosamente tuyo
Rafeal Farfalla.

lunes, 17 de octubre de 2011

Pájaro de la jaula, pájaro del viento

Era una tarde de verano, la ventana estaba abierta y como llega el aire llegó un pequeño pajarillo al alfeizar. En la habitación estaba una jaula en donde habitaba otro pequeño pajarillo sin la oportunidad de poder batir sus alas. Uno no conocía la libertad del mundo, la fuerza del viento, el goce de batir las alas y volar, alejarse de los problemas y sobrevivir. El otro no conocía la tranquilidad del hogar, el ritmo de la vida hogareña, la verdadera libertad, no conocía el vivir el día a día como si no hubiera otro.
El pajarillo que venía de fuera se acercó y fijamente se miraron el uno al otro. Ambos eran iguales, únicamente les separaba unos finos barrotes. Durante un momento se miraron y después de ese momento el pajarillo que había entrado por la ventana habló: 
-Pájaro de la jaula, sal de ahí y vente conmigo a volar, viviremos felices sin un momento que desperdiciar.
-Pájaro del viento, entra en la jaula y acércate a mí, juntos la llama de nuestras vidas no se apagará, olvídate del frío y peligroso aire y preocúpate también por ti.
 Ambos pajarillos estaban opuestos uno al otro en cuanto al futuro de sus frágiles vidas y no cambiarían de opinión. Estúpidas sus mentes son, si supieran que eso se llama amor…
-Pájaro del viento, tú hogar es un sitio peligroso, vuelan halcones y aviones contigo, entra conmigo y descubre el calor.
-Pájaro de la jaula, tu hogar esta vallado, no eres libre, el tiempo pasará y no habrás encontrado el goce de vivir.

El pájaro del viento se acercó aún más a la jaula y comenzó a darle picotazos a la cerradura. Mientras el pájaro del viento golpeaba sin cesar a la cerradura el pájaro de la jaula le instaba a dejarlo en paz. Poco a poco el pico del pájaro del viento comenzó a sangrar, los golpes que daban eran muy fuertes mas a pesar del derramamiento de su sangre cada golpe que daba era aún más fuerte que el anterior. Finalmente la cerradura con un ruido seco cedió y la puerta lentamente se abrió.
-Pájaro de la jaula, ya no tienes excusas, juntos podremos volar hacia los rayos del sol, no te amargues más.
-Pájaro del viento, no conoces la vida, he visto a muchos pájaros, márchate, ayer vino otro pajarillo y hoy estoy esperándolo para verlo, no me pidas que vuele contigo.


El pájaro del viento agachó el pico, y brincó hacia la ventana, quería huir, le oprimía el pecho, no había sido casualidad la venida hacia esa habitación y no se rendiría tan fácilmente.
- Pájaro de la jaula, no puedo decirte porque habrías de saltar al vacío por alguien como yo, no sé lo que hay entre nosotros – la voz se le quebraba porque le entraba la sangre por el pico y le bajaba hasta los pulmones – puede que este sea el momento que lo cambia todo, únete a mí y comparte tus alas con las mías – el pájaro de la jaula no habló, y el pájaro del viento alzó sus alas y se fue.
Al poco rato por la ventana entró otro pájaro con aires de altanería y le dijo al pájaro de la jaula que salieran a volar, el pájaro de la jaula acariciaba con su pico a el pájaro venidero, después las caricias se repartieron y cuando parecía que iba a salir se quedó en la jaula. El pájaro de la jaula era totalmente independiente, no necesitaba de la vida de otro, por esto, solo salieron un par de alas por la ventana.

El pájaro del viento voló muy lejos para calmarse. Tenía hambre y intentó cazar, pero tenía el pico fisurado y los gusanos se escapaban la mayoría de las veces. En pocos días perdió muchas fuerzas, apenas podía volar. Una tarde con el viento en contra, cerca del mar le atacó por detrás un halcón. El pájaro de viento comenzó a hacer sus giros y cabriolas que le habían servido para salir de estos apuros todas las veces anteriores, pero aún no había cicatrizado del todo la herida del pico y el halcón volaba con fuerza detrás de él. Le intentó agarrar con las patas pero el pájaro se detuvo y el golpe solo le hizo volver a sangrar la herida sin curar de la lucha con la cerradura de la jaula.
La sangre le resbalaba y se le metía por los ojos, primero fue un picor, más tarde fue una mancha en el ojo que le impedía ver y finalmente la sangre, la sangre derramada por abrir una cerradura le cegó. El halcón le intento atacar desde abajo y el pájaro esquivó de nuevo el golpe, este es un mundo con vueltas y recovecos en el que los segundos pasan dejando atrás los momentos de cambiarlo todo y ese momento pasó hace mucho tiempo. Al siguiente golpe el pájaro del viento fue atrapado, las garras del animal le traspasaron su diminuto corazón y todo sufrimiento se perdió, todo posible dolor fue aplazado, las horas de vuelo, los sentimientos causados por la fuerza del viento y el batir de las alas se perdieron, como las nubes que se pierden en la inmensidad del cielo.
Pasaron muchas lunas y muchos soles se marcharon de la jaula. El pájaro de la jaula intentó ser feliz, pero nunca pudo serlo. Pasaron muchos pájaros, algunos marcharon, otros se quedaron pero no pudo ser feliz, porque la felicidad se había escurrido una mañana en las garras de un halcón. Siempre, tarde o temprano, recordaba aquel pajarillo que le fue a visitar aquella tarde de verano y dejo marchar. Un día por la noche se acercó una sombra tras el pestillo de la puerta, enseguida el pajarillo notó el frío que la acechaba.
La sombra era oscura, sin embargo, se volvió blanquecina en el fondo. Unos dedos gélidos se acercaron si llegar a acariciar al pájaro de la jaula, de improvisto escuchó una voz:
-Pájaro de la jaula, tus barrotes no te protegerán de mí, sal de tu prisión y marcha conmigo allá donde empieza el reino del mar. Marcha conmigo porque pudiste y no quisiste amar.

El pájaro de la jaula comenzó a piar, de sus ojos brotaban lágrimas de piedad. Fue miedo del que dirán el que no quiso amar, fue miedo de volar y desplegar las alas, miedo de decirle que juntos podrían descansar dentro por las noches, que juntos ante el frío se podrían arropar. El momento que pudo cambiarlo todo se había esfumado y se había perdido como lágrimas en la lluvia, era hora de partir, allá donde empieza el reino del mar. La sombra cruzó los barrotes sin sangrar, sin problemas rodeó al pajarillo que tiritaba de frío y volvió a hablar:
-Pájaro de la jaula, solo una vez se puede batir las alas, sabes mejor que yo, que solo calan hasta los huesos los momentos donde dejas a alguien escapar, el pájaro del viento murió cazado por un halcón sobre las estelas del mar.

El pájaro de la jaula pensó en lo grande que era el mundo, en el momento de saltar al vacío a pesar de lo que dirían el resto de animales, los hombres o las rosas rojas, reinas del resto de las flores y guardianes de imposibles amores. La puerta seguía abierta, no la había arreglado desde que el pájaro del viento la abrió con su pico. De improvisto comenzó a volar y escapó de la jaula, pero no estaba acostumbrado a usar las alas y los músculos le fallaban, al salir de la ventana la sombra blanca le tocó suavemente y el pájaro de la jaula cayó. Antes de llegar al suelo su llama se apagó, todo hubiese sido distinto si hubiera sabido hablar aquella tarde de verano, porque nacemos solos, pero podemos vivir juntos. Debemos amar, sin eso ya no se podría decir que hemos nacido.