¿Qué tras 8 horas tenga que despertar
aquí rodeado de personajes,
fantasías y ficciones?
Dios, me consuelo de que así no sea.
Que me despierte y esté ella.
Desnuda, vestida; da igual.
Su ropa, la mía; da igual.
Que tras 8 horas me levante
silenciosamente vaya a la cocina
a preparar silenciosamente el café.
Que pueda tener un hogar
y verla recién despierta bostezar.
Estaré de nuevo en casa.
En la casa hay armarios, mesas y claroscuros.
Hay lámparas, pasillos fríos y egos.
Los nuestros. Tuyo y mío. Nuestras guerras.
Quejidos y estallidos de alabanzas,
jadeos y golpes de humillación.
Los tuyos, los míos, los nuestros.
Cae la sombra entre ascenso y descenso.
La vida es muy larga entre caída y subida.
Caen sombras la tuya, la mía, las nuestras.
¿En qué se diferencian?
En que se tienen que cruzar.
Obligadas a entenderse, a hablar, a cambiarse.
A ver caer la sombra, contemplarla y disiparla.
Escucha a las piedras, incluso ellas tienen su grano de sabiduría. ¿Cuánta sabiduría tienes tú en cambio? Es un bien bastante escaso en los humanos, la única certeza que tienen es que van a morir.
Mostrando entradas con la etiqueta El hombre de fuego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El hombre de fuego. Mostrar todas las entradas
sábado, 15 de diciembre de 2012
lunes, 15 de octubre de 2012
Mi verso
Prosigue el drama y no sé la voz de mi verso,
me pierdo, se escabullen las palabras y pistas;
busco en vano, anhelo el momento perfecto
y no encuentro ni vocablo, ni escena, ni rima.
Ya concluyó el primer acto y de momento
me hallo mudo y la crítrica me abomina;
leo por necesidad al otro,
hablo para confirmarlo.
Sigo, aún, sin frase de telón,
desorientado, sin megáfono de mi pensamiento
avanzo sin gana, sin ínfula,
sin expresión, ni seria, ni bufa,
sin gracia, amor, ni vida.
Entonces miro mi vacío y sufrimiento,
abominable, odioso, destestable escarceo.
Cuidades de excrementables necios,
cuadrillas de amigos desleales;
el tiempo no pasa, sólo nosotros, nuestra escena.
Pero mi palabra puede cambiar el mundo
y no me sale Tío Walt.
Si en lugar de buscar pienso y siento.
Estoy vivo, existimos, somos bárbaros.
Me detengo en tu puerta, en tu entrada, en tu casa
y lo digo todo con nada;
tu felicidad, tu amor, ese es mi verso.
me pierdo, se escabullen las palabras y pistas;
busco en vano, anhelo el momento perfecto
y no encuentro ni vocablo, ni escena, ni rima.
Ya concluyó el primer acto y de momento
me hallo mudo y la crítrica me abomina;
leo por necesidad al otro,
hablo para confirmarlo.
Sigo, aún, sin frase de telón,
desorientado, sin megáfono de mi pensamiento
avanzo sin gana, sin ínfula,
sin expresión, ni seria, ni bufa,
sin gracia, amor, ni vida.
Entonces miro mi vacío y sufrimiento,
abominable, odioso, destestable escarceo.
Cuidades de excrementables necios,
cuadrillas de amigos desleales;
el tiempo no pasa, sólo nosotros, nuestra escena.
Pero mi palabra puede cambiar el mundo
y no me sale Tío Walt.
Si en lugar de buscar pienso y siento.
Estoy vivo, existimos, somos bárbaros.
Me detengo en tu puerta, en tu entrada, en tu casa
y lo digo todo con nada;
tu felicidad, tu amor, ese es mi verso.
Etiquetas:
Amistad,
Amor,
El hombre de fuego,
Emociones,
Poesía,
Walt Whitman
miércoles, 11 de julio de 2012
Opiomanía
Sé que el amor es cruel como tú,
pero no sé si es real,
o todo es un sueño
y estoy muriendo en un bar.
Una larga y manchada barba
que es la mía en el suelo.
Carmín de barro en la cara,
aroma de vodka en el cuerpo.
Intenta salvarme la propietaria
ella es la única capaz de comprenderme,
la única que sabe que estoy solo;
pero lo hace para que no muera ahí.
¿Qué se siente al ser James Dean en feo?
¿Se podrá ver tras las lágrimas?
**************************
Un sueño dentro de un sueño
y las campanas plañideras del muerto.
Este es mi féretro
y la muerte camina
en ensoñamientos fantasmales
y al sueño le falta verdad;
y las caricias irreales
son las rimas usadas por poetas;
necesito ilusiones y no cristales llameantes
por olvidar verdaderos amores,
buenas intenciones
********************
Sé que lo digo demasiado
pero no me quieres
ni me quiere Morfeo,
y eso no lo veo,
no entiendo lo del hado.
Bebo de las hadas verdes
sus fluidos vaginales
para poder “descansar”,
y eso no lo veo,
lo de reposar.
Llego a casa como un muerto
y me invade la incertidumbre del miedo
¿Cuándo dejaré de causar terror?
Y eso no lo veo
ni en un futuro incierto.
**********************
Ante la oscuridad se atemorizan
y solo entienden palabras.
¿Qué harán ante la vida?
No actúan, no hacen nada,
sin embargo el cordero sangra,
permanece intacto el cordón umbilical,
persiste la noche estrellada,
se precipita un Hispano-Suiza
al ocaso albar de Barna,
a un puente con aires de ruina.
Opiomanía.
Etiquetas:
Arthur Rimbaud,
Charles Baudelaire,
Edgar Allan Poe,
El hombre de fuego,
Poesía,
Walt Whitman
jueves, 31 de mayo de 2012
Veneno
Corre lentamente por mis venas
lo que mató a tantos seres;
se expande cual fuego por la ladera
arrebatando fugazmente el resto de atardeceres.
Corre lentamente sabiendo que tengo un alma
pobre y desarraigada que perder;
monstruo interno cruel que desgarra
todo aquello que no quise vender.
Lucha constante contra el dolor,
el conocimiento no me hace sentir mejor;
siento perder el control
de lo que pasa en mi interior.
Las heridas provocadas por cristales
son ahora horrendas cicatrices
que curé con lágrimas y vinagre,
pero no empiezan ahí mis males.
En peligro de extinción cual lince
entre los campos solitarios de centeno,
soñé despierto un imposible
que chocó con la realidad; mi veneno.
Etiquetas:
Dolor,
El hombre de fuego,
Obitus,
Poesía
martes, 15 de mayo de 2012
Un honesto deseo de futuro
"Mi vida ha sido capricho, impulso, pasión, anhelo de la soledad, mofa de las cosas de este mundo; un honesto deseo de futuro". Edgar Allan Poe (1809-1849)
Hoy he estado leyendo a una escritora bastante poco conocida por el público en general, Francis Sargent Osgood. Y como todo autor poco conocido tienes que llegar de alguna manera a su obra. Su descubrimiento para mí es sencillo: También fue famosa por sus intercambios poéticos con Edgar Allan Poe. Y no sólo fueron intercambios poéticos. Todo empezó con una crítica de Poe en una conferencia. El bostoniano le declaraba un gran futuro. Ella, también bostoniana le envió una carta diciéndole "es conocido como el crítico más duro del momento" lo que significaba que el elogio la había impresionado profundamente.
Se conocieron en 1845 cuando Virginia, la mujer de Poe, sufría un avanzado estado de tuberculosis y Frances estaba separada, que no divorciada, de su marido, un desconocido pintor y muy conocido promiscuo. Virginia aceptaba la relación que tenía Poe con Frances, es posible que en su estado y conociendo a su primo quisiera que alguien lo cuidase y amase. Para Poe, Frances era un calmante. Sólo para impresionarla dejó el alcohol. Pero no todo era una cristal rosado, muchos criticaron esa "relación" difamándoles; y como las historias ficticias en la realidad esto terminó destrozando a la pareja. La también poetisa Elizabeth F. Ellet, cuyo afecto había despreciado el escritor, difundió rumores sobre los dos, llegando a comentar a Virginia las presuntas faltas cometidas. Ellet sugirió incluso que el tercer hijo de Osgood, Fanny Fay, no era de su marido, sino de Poe. Osgood, en un intento de preservar su honor, envió a Margaret Fuller y Anne Lynch para pedir a Poe que le devolviese las cartas que le había escrito a fin de destruirlas. En julio de 1846 el marido de Osgood exigió a Ellet que pidiera disculpas a su esposa, si quería evitar ser demandada por difamación. Ellet respondió en una carta retractándose de sus declaraciones y culpando de todo a Poe y a su esposa Virginia. Desde 1847, Osgood y Poe no volvieron a relacionarse.
El 3 de octubre de 1849 fue encontrado un borracho con evidentes síntomas de delirium tremens por las calles de Baltimore, ese borracho era Poe. Murió el 7 de octubre, no tuvo ningún momento de lucidez durante esos días. Dos días después de la muerte de Poe, apareció un obituario firmado por un tal "Ludwig", que luego se reveló era realmente el crítico y antologista Rufus Wilmot Griswold. Griswold, quien más tarde se convirtió en el albacea literario efectivo de las obras de Poe, fue realmente uno de sus rivales literarios, y quien posteriormente publicó su primera biografía completa, retratándolo como un depravado, un borracho y un loco turbado por las drogas, y llegando incluso a falsificar cartas del poeta como evidencia de ello. Se cree que gran parte de la evidencia utilizada para construir esta imagen fue forjada por Griswold, y a pesar de que muchos amigos de Poe lo denunciaron, ésta fue la interpretación que tuvo un impacto más duradero.
Frances volvió con su infiel esposo en 1947, ya empezaba a padecer la tuberculosis que se la llevaría, él la volvió a abandonar y solo regresó cuando su estado era crítico. Murió un año después que Poe, el 12 de mayo de 1850.
Esas cartas que Poe no quiso devolver para salvarlas del fuego me han inspirado. El fuego que no quema salvando del fuego que acaba con lo que debería ser eterno. Ahí va mi pastelada:
¿Anhelas que te amen?
No pierdas tu gracia,
ni tu forma de sentir
porque aquellos que anhelen
tu sonrisa para vivir
te querrán por tu ser,
por tu forma sutil.
Por aquello que has de ser
te admirarán sin fin
y la espera para mí
será un gozoso...deber.
Etiquetas:
Amor,
Edgar Allan Poe,
El hombre de fuego,
Frances Sargent Osgood,
Muerte,
Poesía
lunes, 26 de marzo de 2012
Perdición
El mundo avanza hacia ella.
¿Cómo decirte algo nuevo si hablo de algo viejo?
La gente dice que ya no tienes fuego,
que tu corazón es un puñado de brasas.
Yo sé que nunca dudaste de esto,
de que nunca quemarías ni un espejo.
No te puedo ayudar a dar ese paso;
soy el Ángel de la Melancolía,
antes de nacer me pintó Durero.
La gente piensa que darás un salto,
que solo conoces un montón de camas.
Los dos sabemos que no es mentira,
es mejor que vivir en un mundo de maravilla.
La gente tiene razón
no es moderno amar a una persona lista.
Yo bebo vino y el resto cerveza;
debe ser una metáfora de la soledad.
¿Cómo decírtelo sin palabras?
Cada vez que estoy más cerca
es cuando más me alejo.
Si pasaramos de la gente...
Me siento tan solo;
la soledad es la muerte.
Etiquetas:
Brevedad,
Comuniación,
El hombre de fuego,
Muerte,
Poesía
miércoles, 8 de febrero de 2012
Heart box iron maiden
Encerrado en una doncella de hierro
con forma de corazón,
me saluda como a un engendro
entre Aries y Tauro.
Me mofo de mi aspecto
como en una comedia de Plauto.
Onece tu desesperación,
no encuentras su altar de pureza,
caíste en la barca, dejaste el timón;
su himen rasgado, tu ofensa.
Escucha su inapreciable solución,
espera, escucha mi última queja.
Despierto en la trampa magnética
si descanse alguna vez ;
avanza entre la oscuridad
mientras otros se quedan en su fe.
No encuentras su inocencia
y no quieres perder.
sábado, 1 de octubre de 2011
Buscando al hombre de fuego
Tanta sombra y oscuridad,
tanto desamparo ante la lluvia,
el tiempo es la vida
y yo lo pierdo mirando tu sonrisa.
Oh no, he dicho demasiado de lo que siento.
Tantos son los hombres aduladores
que te persiguen prometiéndote soles.
Yo estoy en silencio en un rincón,
bailando, intentando ser el centro de tu atención.
Oh no, he dicho demasiado de lo que siento.
Intentando mantener contacto contigo,
no sé si estoy perdiéndome,
si estoy desbordando el manto de Penelopé.
Sé que parezco un necio ciego, herido, herido.
Oh no, he dicho poco de lo que siento.
Considera esto la enseñanza del siglo:
"Toma las coloridas flores
antes de realizar tus últimas confesiones,
pero, asegúrate de que sean reales"
Creí verte amarme,
creí verte reír,
creí que creía vernos vivir.
Solo era una hoguera enmudeciendo,
solo era otro amargo sueño,
donde los peces sabían volar.
Oh no, he regalado más de lo que debía dar.
Todos los castillos de naipes que van cayendo
fueron unos buenos sueños.
Soñé que vivíamos ambos juntos,
pero, los buenos sueños no cambian el mundo,
les vale con hacernos perder el rumbo.
¡Oh no!, he nombrado a quien no dejo de amar.
Soñé que soñabas en nuestros momentos,
pero era irreal. Comienza el incendio
sin control, sin control, lo domina todo el viento.
Oh no, me toca caminar por buscar.
¿Dónde está el hombre de fuego?
Ensombrecido, entre la vida y la muerte,
estancado sin futuro y sin presente.
Si no veo mi propio humo,
cómo voy a poder fraguar sus rumbos.
¡Oh no!, ya vuelves a rechazarme.
Todas hieren, la última mata,
si vas a odiarme, ataca.
Me amas y aún no lo sabes,
crees que aún no lo sabes,
creo que crees que aún no lo sabes.
Nos vemos en el camino. R.F.
Etiquetas:
El hombre de fuego,
Poesía,
Rafael Farfalla,
Sombras y otros poemas
Suscribirse a:
Entradas (Atom)