Iba con prisa; tenía que ejercer de técnico de sonido y para colmo estaba en la otra punta de la ciudad cuando me lo comunican. Corría hacía mi vehículo cuando lo vi. Un hombre de pie, con dos guitarras y gafas, enfrente al consulado italiano en Pamplona. Iba con prisa y por eso me paré. El hombre ya se había sentado y abría uno de los estuches, era una Fender acústica. Fue la mirada, la mirada de alguien que debe dejar a alguien con el que ha compartido tantas cosas que sólo es capaz de darse cuenta cuando se tiene que separar. La mirada a su guitarra.
Miré a los lados, nadie parecía percatarse de lo que ocurría, la gente caminaba demasiado ocupada o demasiado desocupada para observar lo que sucedía. ¡La gente no se percataba de la realidad! Pude irme, pero el sentimiento egoísta me venció, así que me acerqué al hombre. Estábamos tan cerca que si alguno de los dos hubiéramos dado un movimiento en falso nos habríamos golpeado. Alcé mi mano y me la dio.
-¿Tocas?- me preguntó.
- Cuando se tercia- y en ese momento se terciaba.
Así que el hombre me dejó la otra guitarra y me extendió una púa que rechacé mientras me colocaba el instrumento. Toco mal, o medianamente regular, pero cantar es otra cosa muy diferente.
-¿Wish you were here? - me preguntó.
Asentí porque no podría haber otra canción mejor que tocar, porque es una de las diez que me sé de memoria y de esa forma no haría el ridículo delante de la bandera italiana. El hombre me dejó cantar al empezar a escucharme. Yo cantaba por primera vez al universo, porque ni juntándose dos personas a tocar en la calle hubo alguien con la decencia de detenerse o aminorar su paso. Él tocaba muy bien, se notaba que llevaba muchos años tocando, muchos amores por rasgar seis cuerdas; pero el tiempo es cruel y no deja pasar ninguna.
Al terminar le devolví la guitarra y le di la mano, no había arreglado nada de su vida; sin embargo, ahí estaría en su mente el día en que alguien se detuvo cuando todos caminaban a lo suyo, sin querer mirar a otro lado. Todo ello porque me recordaba a la última escena de "Hasta que llegó su hora"; Cheyenne ya herido de muerte le dice a Armónica: "Oye Armónica, cuando te toque a ti, reza porque sea alguien que sepa donde dispara". Me recordaba a la escena porque él estaba en esa situación y yo; ya sea por el tiempo, la propia naturaleza, yo mismo o alguien que quiera derribarme tendré que pasar por ese trámite. Y espero que lo que sea sepa donde dar, porque no quiero verme en la situación de ese hombre y encontrarme que no hay quien se detenga, que no hay nadie y nunca lo hubo. Lo llamo puro egoísmo, aunque quizá sea solidaridad por si alguna vez deambulo como Cheyenne.
Escucha a las piedras, incluso ellas tienen su grano de sabiduría. ¿Cuánta sabiduría tienes tú en cambio? Es un bien bastante escaso en los humanos, la única certeza que tienen es que van a morir.
domingo, 19 de agosto de 2012
sábado, 11 de agosto de 2012
A los directores en potencia
Esto no lo enseñan en ninguna universidad, pero es casi lo más importante que un director, realizador, jefe de escena o como quieran ahora nombrarlo debe saber. Detrás de estos y las grandes estrellas hay una legión: técnicos, cámaras, guionistas, scripts, maquilladores, diseñadores, figurinistas, electricistas, figurantes, empresas de catering, gente que trabaja tanto como tú o más y nunca va a asistir a esas galas tan caras y elegantes que vemos en la tele o en streaming. Como dijo Álex de la Iglesia: "Hay que ser humildes". Un grupo de PROFESIONALES, ya sean de distintos países y no hablan un idioma común son capaces de hacer una película sin un director, algunos dirán que eso es imposible, pues a mediados del S.XX en Francia pusieron a un hombre con una pipa de director, sólo tenía que fumar y asentir con la cabeza, el experimento fue positivo. A los directores en potencia les digo que el orgullo no es una parte del trabajo, que, en realidad, no son tan importantes, que esto es más un oficio de artesanos que una industria.
Recuerdo cuando decidí de verdad intentar que en mi vida me dedicase a ofrecer entretenimiento al resto de seres humanos con ficciones, ficciones salidas de un libro o de la mente de un guionista y de los cientos de mentes que trabajan en esa producción, recuerdo ese día y os lo voy a relatar. En 2007 tenía por fin la oportunidad de conocer, siendo consciente y no un bebé dormilón, a Roberto Bodegas Rojo asistiendo al Noveno Festival de Cine de Arnedo, el Octubre Corto; o quedarme en casa y salir de borrachera a la discoteca, al bar, o adonde fuese en 2007. Podía aprender o podía disfrutar del momento, esta claro que es lo que hubiese elegido un existencialista, yo elegí ir a Arnedo. Y me fui para conocer "a los Bergman, Godard y Richardson" españoles de los sesenta y setenta. A conocer, como dijo Félix Linares a "Roberto Bodegas es un cineasta, pero también es, de alguna manera, todos los cineastas españoles.
Conocí a Christian de Chalonge, a Antonio Pérez, a Guillermo Maldonado y a Sancho Gracia, o lo que es lo mismo a aprender, y mucho, de 200 años de experiencia acumulada entre esas personas. Fui a aprender los oficios del cine. El oficio de la vida.
Aún persiste en mi memoria esa noche sin miles de fotógrafos apretando obturadores, sin una larga alfombra roja, pero con una sabiduría que no encontraré en ningún otro lugar, unas ganas de enseñar, de hablar, de recordar, de animar. Recuerdo hablar con mi tío abuelo, mi madre le dijo que también quería dedicarme al cine y él me miró seriamente y me dijo: "No te metas en esto que es muy duro" porque sabe lo que es el oficio; acto seguido me sonrió y guiñó el ojo, porque sabe que si uno se sacrifica todo es posible, eso lo sabe muy bien. Saludé a Félix Linares y nos firmó un libro, mi padre y yo le preguntamos por su salud, en aquella época había faltado en dos ocasiones a su programa de LND, lo cual era bastante raro. Escuché a todos, pues ¿acaso no tenía yo más que oír que hablar? ¿acaso no tenía ante mí al buen oficio, a lo que quería, quiero y querré ser? Y recuerdo, estos días más, cuando me despedí de Sancho Gracia después de toda una tarde y una noche escuchando hablar sobre cine, aprendiendo sobre cine, viviendo el cine. Lo recuerdo de pie con su traje y su mano extendida para estrecharla con la mía, recuerdo el dársela y el apretón, y recuerdo con la frase que me dijo con una sonrisa, valga el tópico, de oreja a oreja porque era enorme su sonrisa en aquel momento: "Te pareces a Roberto, eres igualito a El Chino. ¿Menudo es, eh? Encantado de conocerte, a ti te llamaré Chino 2" levantó su cabeza, y me desordenó y reordenó el peinado y dejo su mano en mi hombro. Lamento mucho la muerte de aquella persona esta semana, demasiado.
También recuerdo a mi tío hablarme cuando íbamos al coche "El truco está en que no hay truco, uno es lo que se hace, lo que hace, eso te lo habrán enseñado ya tu padre y tu abuelo. Aprende, no solo mires, observa, mira todo el cine que puedas y si alguien te recomienda algo, míralo cuanto antes. Vive el oficio y el oficio te dejará vivir". Y aquello vale más que los miles de euros de matrícula en la universidad, porque el cine está ahí, en saber sacrificarse, en estar jodido, en elegir el camino complicado que te pone la vida.
A los jóvenes realizadores, cineastas, directores o como quieran que los nombren ahora, el cine no es la fama, el cine no son los fogonazos de los fotógrafos que quieren la mejor instantánea que les puedas ofrecer esa noche, el cine es trabajo continuo, sacrificio, dejar de emborracharse una semana para aprender de verdad, dejar de emborracharse para ir a la hora acordada a los ensayos porque quizá ese día sea el cumpleaños de la madre de tu jefe y él se ha levantado a las 6:00 para preparar todo, sorprender a su madre y poder estar en ese ensayo porque esa es su obligación; el cine es ir a ver localizaciones un sábado a las 1:00 en lugar de irse a casa después de mamar botellines de cerveza con los amigos, es ir a Burguete a -12º para ver la zona; el buen cine es no creerse tan orgulloso y creer que lo sabes todo y sacrificarse. A los jóvenes cineastas, directores, realizadores o personas, la industria del cine puede cambiar, el oficio, la esencia no. Los oficios del cine son sacrificios; son el oficio de la vida.
Recuerdo cuando decidí de verdad intentar que en mi vida me dedicase a ofrecer entretenimiento al resto de seres humanos con ficciones, ficciones salidas de un libro o de la mente de un guionista y de los cientos de mentes que trabajan en esa producción, recuerdo ese día y os lo voy a relatar. En 2007 tenía por fin la oportunidad de conocer, siendo consciente y no un bebé dormilón, a Roberto Bodegas Rojo asistiendo al Noveno Festival de Cine de Arnedo, el Octubre Corto; o quedarme en casa y salir de borrachera a la discoteca, al bar, o adonde fuese en 2007. Podía aprender o podía disfrutar del momento, esta claro que es lo que hubiese elegido un existencialista, yo elegí ir a Arnedo. Y me fui para conocer "a los Bergman, Godard y Richardson" españoles de los sesenta y setenta. A conocer, como dijo Félix Linares a "Roberto Bodegas es un cineasta, pero también es, de alguna manera, todos los cineastas españoles.
Conocí a Christian de Chalonge, a Antonio Pérez, a Guillermo Maldonado y a Sancho Gracia, o lo que es lo mismo a aprender, y mucho, de 200 años de experiencia acumulada entre esas personas. Fui a aprender los oficios del cine. El oficio de la vida.
Aún persiste en mi memoria esa noche sin miles de fotógrafos apretando obturadores, sin una larga alfombra roja, pero con una sabiduría que no encontraré en ningún otro lugar, unas ganas de enseñar, de hablar, de recordar, de animar. Recuerdo hablar con mi tío abuelo, mi madre le dijo que también quería dedicarme al cine y él me miró seriamente y me dijo: "No te metas en esto que es muy duro" porque sabe lo que es el oficio; acto seguido me sonrió y guiñó el ojo, porque sabe que si uno se sacrifica todo es posible, eso lo sabe muy bien. Saludé a Félix Linares y nos firmó un libro, mi padre y yo le preguntamos por su salud, en aquella época había faltado en dos ocasiones a su programa de LND, lo cual era bastante raro. Escuché a todos, pues ¿acaso no tenía yo más que oír que hablar? ¿acaso no tenía ante mí al buen oficio, a lo que quería, quiero y querré ser? Y recuerdo, estos días más, cuando me despedí de Sancho Gracia después de toda una tarde y una noche escuchando hablar sobre cine, aprendiendo sobre cine, viviendo el cine. Lo recuerdo de pie con su traje y su mano extendida para estrecharla con la mía, recuerdo el dársela y el apretón, y recuerdo con la frase que me dijo con una sonrisa, valga el tópico, de oreja a oreja porque era enorme su sonrisa en aquel momento: "Te pareces a Roberto, eres igualito a El Chino. ¿Menudo es, eh? Encantado de conocerte, a ti te llamaré Chino 2" levantó su cabeza, y me desordenó y reordenó el peinado y dejo su mano en mi hombro. Lamento mucho la muerte de aquella persona esta semana, demasiado.
También recuerdo a mi tío hablarme cuando íbamos al coche "El truco está en que no hay truco, uno es lo que se hace, lo que hace, eso te lo habrán enseñado ya tu padre y tu abuelo. Aprende, no solo mires, observa, mira todo el cine que puedas y si alguien te recomienda algo, míralo cuanto antes. Vive el oficio y el oficio te dejará vivir". Y aquello vale más que los miles de euros de matrícula en la universidad, porque el cine está ahí, en saber sacrificarse, en estar jodido, en elegir el camino complicado que te pone la vida.
A los jóvenes realizadores, cineastas, directores o como quieran que los nombren ahora, el cine no es la fama, el cine no son los fogonazos de los fotógrafos que quieren la mejor instantánea que les puedas ofrecer esa noche, el cine es trabajo continuo, sacrificio, dejar de emborracharse una semana para aprender de verdad, dejar de emborracharse para ir a la hora acordada a los ensayos porque quizá ese día sea el cumpleaños de la madre de tu jefe y él se ha levantado a las 6:00 para preparar todo, sorprender a su madre y poder estar en ese ensayo porque esa es su obligación; el cine es ir a ver localizaciones un sábado a las 1:00 en lugar de irse a casa después de mamar botellines de cerveza con los amigos, es ir a Burguete a -12º para ver la zona; el buen cine es no creerse tan orgulloso y creer que lo sabes todo y sacrificarse. A los jóvenes cineastas, directores, realizadores o personas, la industria del cine puede cambiar, el oficio, la esencia no. Los oficios del cine son sacrificios; son el oficio de la vida.
Etiquetas:
Álex de la Iglesia,
Cine,
Félix Linares,
Humildad,
Roberto Bodegas Rojo,
Sacrificio,
Sancho Gracia,
Vida
lunes, 6 de agosto de 2012
Todos los animales somos iguales...
Veo muchas picas adornadas con cabezas y poca revuelta popular, este rey más loco que Aerys Targaryen no tiene Lannister que lo mate ni por la espalda. Realmente lo que veo es una purga en la RTVE poco ruido y, para colmo, no es época de nueces. Tampoco me extraña, Cospedal ya dejó entrever que Ana Pastor iba a durar poco cuando llegasen las gaviotas a dormitar en La Moncloa. Estoy seguro que si no asediasen los mercados de (des)valores y los fueras de juego del Conde Draco el cambio se hubiera dado bastante antes.
Tanta sangre derramada me desvela, más, y hace hacerme algunas preguntas. ¿Por qué despiden a gente que ha duplicado los espectadores en sus respectivos programas como Juan Ramón Lucas? ¿Por qué despiden a gente que hacia que más jóvenes viesen la cadena pública, o oyesen sus ondas? ¿Por qué destrozan sus programas punteros? ¿Son todos unos rojos sectarios dictados por el PSOE más maquiavélico? ¿Los controla (Miramicalva) Rubalcaba, (Tomás Moro) Tomás Gómez o (Machón) Chacón? Y lo más interesante de todo, ¿quién hace de Hamlet?
En estos tiempos en los que tenemos un ser de derechas que usa el nombre de George Orwell en Twitter no me es extraño que la historia suceda de una manera y la escriban ese mismo día en los libros de historia de otra forma. Este es un país que desprecia a los perroflautas, pero que venera a Jesucristo y se olvida que él expulsó a los mercaderes del templo, no obstante puede ser esto un recurso literario sectario, profano, blasfemo y más rojo que León Trotski.
Da igual cuántos oyentes o televidentes agrupasen delante de esos aparatos cada vez más inútiles, da igual cuántos premios nacionales e internacionales hayan ganado, da igual cuánto expriman a los trabajadores con recortes criminales, da igual cuánto se parezcan esos millones de parados al caballo Boxer.
Tampoco nos parece preocupar mucho que muchos de nuestros políticos sean cerdos chillones capaces de convencernos con argumentos sospechosos de lo que realmente hicieron. Da igual cuántos Benjamines estén callados ahora por la ancha Castilla, o los perros que sean criados desde cachorros para pensar, actuar y ejecutar a conveniencia de algunos. Da igual, da igual que Ana Pastor pusiera contra las cuerdas al presidente de un país donde se cercenan las libertades porque hoy resulta que dejarse caer el velo fue una gran falta de respeto. Da igual las palabras de Toni Garrido en su última entrada porque eran pura propaganda panfletaria. Así opinan quienes antes opinaban que la entrevista fue una de las mejores del periodismo español e internacional o que la última entrada decía la verdad sin idolatrías de ningún tipo. Ciudadanos, realmente no es vuestra la RTVE, ni el poder del Estado Español y si me apuran, ni sus propias vidas son suyas sino de una clase de hombres, y mujeres, que por propia gracia de ellos, y ellas, se ven dispuestos, capaces y preparados para dirigir un país o para sacrificarlo si el gran "Cthulhu mercado de valores" lo reclama necesario.
Los nuevos periodistas no deberían leer siquiera a Orwell o Kapuscinski no vayan a decir "El jefe, o la camarilla gobernante, controla no sólo el futuro sino también el pasado" o "El trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente vea cómo las cucarachas corren a ocultarse". No vayan a hacer que otros piensen por ellos mismos. Los nuevos periodistas deben servir fielmente al partido, al partido único; a la clase política. Tienen que hacer preguntas que se puedan contestar con un "Hacemos lo que tenemos que hacer", no quieren personas que se pregunten "¿Qué es lo que van a hacer?" Aunque a veces si las quieren, pero sólo para perseguirlas y expulsarlas como a Snowball de una ficticia nación libre.
Porque esto no es una purga, ni la subida del IVA un impuesto, ni los fuegos provocados tácticas para urbanizar tierra virgen, ni la bajada del Ibex 35 cada viernes una oportunidad de comprar y de ganar millones cuando consiga recuperarse y aumentar unas décimas el martes o el miércoles, ni este post una gran metáfora con Rebelión en la granja, ni es verdad que nada de lo que se diga antes de un pero es mentira; porque "Todos los animales somos iguales, pero algunos animales son más iguales que otros "
Tanta sangre derramada me desvela, más, y hace hacerme algunas preguntas. ¿Por qué despiden a gente que ha duplicado los espectadores en sus respectivos programas como Juan Ramón Lucas? ¿Por qué despiden a gente que hacia que más jóvenes viesen la cadena pública, o oyesen sus ondas? ¿Por qué destrozan sus programas punteros? ¿Son todos unos rojos sectarios dictados por el PSOE más maquiavélico? ¿Los controla (Miramicalva) Rubalcaba, (Tomás Moro) Tomás Gómez o (Machón) Chacón? Y lo más interesante de todo, ¿quién hace de Hamlet?
En estos tiempos en los que tenemos un ser de derechas que usa el nombre de George Orwell en Twitter no me es extraño que la historia suceda de una manera y la escriban ese mismo día en los libros de historia de otra forma. Este es un país que desprecia a los perroflautas, pero que venera a Jesucristo y se olvida que él expulsó a los mercaderes del templo, no obstante puede ser esto un recurso literario sectario, profano, blasfemo y más rojo que León Trotski.
Da igual cuántos oyentes o televidentes agrupasen delante de esos aparatos cada vez más inútiles, da igual cuántos premios nacionales e internacionales hayan ganado, da igual cuánto expriman a los trabajadores con recortes criminales, da igual cuánto se parezcan esos millones de parados al caballo Boxer.
Tampoco nos parece preocupar mucho que muchos de nuestros políticos sean cerdos chillones capaces de convencernos con argumentos sospechosos de lo que realmente hicieron. Da igual cuántos Benjamines estén callados ahora por la ancha Castilla, o los perros que sean criados desde cachorros para pensar, actuar y ejecutar a conveniencia de algunos. Da igual, da igual que Ana Pastor pusiera contra las cuerdas al presidente de un país donde se cercenan las libertades porque hoy resulta que dejarse caer el velo fue una gran falta de respeto. Da igual las palabras de Toni Garrido en su última entrada porque eran pura propaganda panfletaria. Así opinan quienes antes opinaban que la entrevista fue una de las mejores del periodismo español e internacional o que la última entrada decía la verdad sin idolatrías de ningún tipo. Ciudadanos, realmente no es vuestra la RTVE, ni el poder del Estado Español y si me apuran, ni sus propias vidas son suyas sino de una clase de hombres, y mujeres, que por propia gracia de ellos, y ellas, se ven dispuestos, capaces y preparados para dirigir un país o para sacrificarlo si el gran "Cthulhu mercado de valores" lo reclama necesario.
Los nuevos periodistas no deberían leer siquiera a Orwell o Kapuscinski no vayan a decir "El jefe, o la camarilla gobernante, controla no sólo el futuro sino también el pasado" o "El trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente vea cómo las cucarachas corren a ocultarse". No vayan a hacer que otros piensen por ellos mismos. Los nuevos periodistas deben servir fielmente al partido, al partido único; a la clase política. Tienen que hacer preguntas que se puedan contestar con un "Hacemos lo que tenemos que hacer", no quieren personas que se pregunten "¿Qué es lo que van a hacer?" Aunque a veces si las quieren, pero sólo para perseguirlas y expulsarlas como a Snowball de una ficticia nación libre.
Porque esto no es una purga, ni la subida del IVA un impuesto, ni los fuegos provocados tácticas para urbanizar tierra virgen, ni la bajada del Ibex 35 cada viernes una oportunidad de comprar y de ganar millones cuando consiga recuperarse y aumentar unas décimas el martes o el miércoles, ni este post una gran metáfora con Rebelión en la granja, ni es verdad que nada de lo que se diga antes de un pero es mentira; porque "Todos los animales somos iguales, pero algunos animales son más iguales que otros "
Etiquetas:
George Orwell,
Periodismo,
Ryszard Kapuscinski
viernes, 13 de julio de 2012
Unamuno
Universidad de Salamanca, la Legión Española el 12 de octubre de 1936 en el paraninfo con motivo de la celebración de la Fiesta de la Raza. El General José Millán-Astray hace un discurso atacando a las Vascongadas y Cataluña calificando a estas regiones como "cánceres en el cuerpo de la nación. Elfascismo, que es el sanador de España, sabrá cómo exterminarlas, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos. "
Alguien grita entonces, desde algún lugar del paraninfo, el famoso lema "¡Viva la muerte!". Millán-Astray responde con "España una grande y libre"
Miguel de Unamuno, que presidía la mesa, se levanta lentamente y dice: "Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso -por llamarlo de algún modo- del profesor Maldonado, que se encuentra entre nosotros. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao. El obispo , dice Unamuno señalando al obispo de Salamanca-, lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona. Pero ahora acabo de oír el necrófilo e insensato grito "¡Viva la muerte!" y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán-Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán-Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor."
En ese momento Millán-Astray exclama irritado "Muera la intelectualidad traidora", "Viva la muerte"
Miguel de Unamuno, sin amedrentarse, continúa: "Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho."
miércoles, 11 de julio de 2012
Opiomanía
Sé que el amor es cruel como tú,
pero no sé si es real,
o todo es un sueño
y estoy muriendo en un bar.
Una larga y manchada barba
que es la mía en el suelo.
Carmín de barro en la cara,
aroma de vodka en el cuerpo.
Intenta salvarme la propietaria
ella es la única capaz de comprenderme,
la única que sabe que estoy solo;
pero lo hace para que no muera ahí.
¿Qué se siente al ser James Dean en feo?
¿Se podrá ver tras las lágrimas?
**************************
Un sueño dentro de un sueño
y las campanas plañideras del muerto.
Este es mi féretro
y la muerte camina
en ensoñamientos fantasmales
y al sueño le falta verdad;
y las caricias irreales
son las rimas usadas por poetas;
necesito ilusiones y no cristales llameantes
por olvidar verdaderos amores,
buenas intenciones
********************
Sé que lo digo demasiado
pero no me quieres
ni me quiere Morfeo,
y eso no lo veo,
no entiendo lo del hado.
Bebo de las hadas verdes
sus fluidos vaginales
para poder “descansar”,
y eso no lo veo,
lo de reposar.
Llego a casa como un muerto
y me invade la incertidumbre del miedo
¿Cuándo dejaré de causar terror?
Y eso no lo veo
ni en un futuro incierto.
**********************
Ante la oscuridad se atemorizan
y solo entienden palabras.
¿Qué harán ante la vida?
No actúan, no hacen nada,
sin embargo el cordero sangra,
permanece intacto el cordón umbilical,
persiste la noche estrellada,
se precipita un Hispano-Suiza
al ocaso albar de Barna,
a un puente con aires de ruina.
Opiomanía.
Etiquetas:
Arthur Rimbaud,
Charles Baudelaire,
Edgar Allan Poe,
El hombre de fuego,
Poesía,
Walt Whitman
Suscribirse a:
Entradas (Atom)