Escucha a las piedras, incluso ellas tienen su grano de sabiduría. ¿Cuánta sabiduría tienes tú en cambio? Es un bien bastante escaso en los humanos, la única certeza que tienen es que van a morir.

lunes, 30 de enero de 2012

Homo homini lupus est

En un tiempo sin tiempo los dos espíritus más poderosos, el Sol y la Luna, paseaban por la tierra junto a los humanos. Los dos espíritus estaban casados desde el momento en el que no había momentos, pero eran muy distintos. El Sol era sereno, puntual, ardiente y con una ansia de conocer a los humanos. La Luna era pasional, impuntual, coqueta y dedicaba su tiempo mirándose el rostro reflejado en el agua o paseando por los bosques. La Luna amaba al Sol pero era demasiado reservada para mostrarle plenamente sus sentimientos. Ella en ocasiones andaba triste porque su esposo dedicaba demasiado tiempo a los humanos. El Sol había enseñado a los humanos por diversos medios el arte de usar su fuego, el arma más poderosa, y dedicaba su tiempo a la observación y evolución de estos.
Los humanos vivían en una ciudad a orillas del mar, todos eran libres y vivían en grupo, pero había un humano que vivía alejado de los demás. Podía no parecerlo pero era el hombre más leal, cuando los humanos entraban en combate él era el primero en atacar con un furor que no tenía rival entre los enemigos pero sin discernimiento. Si los humanos eran todavía una raza con futuro se debía a ese hombre. Vivía alejado porque no lograba entender a sus congéneres, él podía aguantar el frío más extremo, podía andar todo lo rápido que quisiera sin hacer ruido y su voz era un potente hálito de viento.

Una noche oscura el hombre se encontró con una forma de mujer, vagaba por el bosque deslizándose sin hacer ruido, los ojos como platos, mirándolo todo con curiosidad. Al acercarse comprobó que era la Luna. La Luna no se percató de la presencia del hombre, pero este era paciente y espero quieto a su reacción. Ella le saludó de manera cordial, él le advirtió de lo peligroso que era vagabundear y decidió protegerla de los malos espíritus hasta que volviese a ser de día. Pero los malos espíritus deseaban que el ser humano no avanzase y la oportunidad de capturar a La Luna acompañada de un humano era demasiado tentadora. Durante el camino no cruzaron palabra alguna, ninguno de los dos sabía muy bien que hablar con el otro. El instinto del hombre era el más agudo de entre los humanos y ya estaba preparado cuando los malos espíritus comenzaron el ataque. A falta de armas se defendió con las manos y los dientes. El éxtasis del combate se hacía con el control de su cuerpo a medida que se prolongaba la refriega, lo que empezó con un rechinar de dientes fue convirtiéndose; primero en un grito, luego un gañido y al fin un rugido. Su boca emanaba un flujo de aire caliente que impulsaba a los enemigos varios metros atrás. Los espíritus malignos huyeron resignados.

Tras el combate empezaron a hablar. Al llegar el día el Sol se llevó a la Luna agradeciendo el sacrificio del humano. El humano trató de olvidarse de lo ocurrido aquella noche, no obstante era frecuente que por las noches se encontrase con la Luna. Ella siempre estaba paseando con la misma despreocupación de la primera noche y como la primera noche él se unía en su paseo, pero ya no asaltaban los malos espíritus y con el tiempo empezaban una conversación que se extendía hora tras hora y como el tiempo no era tiempo nos parecería una eternidad. Cada amanecer el Sol llegaba y se llevaba a su esposa y cada vez que eso ocurría peor le daba las gracias al humano.

Un día el humano enfermó, pero no necesitaba guardar cama, de hecho ninguna medicina sería capaz de curarle, ahora mismo dudo de si puedo llamar enfermedad a lo que le dominaba. Lo que más le afectaba de su “dolencia” era saber que no era el único, la Luna también “padecía” el mismo “mal”. Sin embargo, la Luna tomó la decisión acertada, siguió siendo fiel a su esposo y siguió cultivando su amistad con el humano. El humano era paciente, era cazador y sabía lo que estaba bien y lo que debía esperar una eternidad, aunque para ellos las eternidades duran lo que nuestros eones.

Era mejor así o por lo menos era lo aceptable para el honor de todos. El destino que es inexorable se dispuso a golpear como nunca lo había sentido antes ánima alguna. Los pérfidos espíritus iban a explotar el orgullo y la envidia de los seres humanos sumiéndoles en la más paralizante de las oscuridades y para ello necesitaban que el Sol abandonase a los humanos. Todos sabían que el Sol jamás haría algo así por decisión propia, pero si ahora no elegimos nosotros sin nadie que nos coaccione de algún momento iba a venir. Los espíritus negativos no habrían capturado a la Luna pero espiar fue otra de las primeras cosas creadas al inventar el tiempo. Quizá el Sol no podría soportar la verdad, parte de la verdad. ¿Qué es la mentira? Con parte de la verdad les podría bastar. Aquella idea les incentivaba. Al conocer la noticia el Sol enfureció, desprendió parte de su potencia quemando vastas llanuras. La vida en esas zonas quedó arrasada y nunca más creció colorida , los animales que vivieron a partir de ese momento se encuentran hoy entre los más peligrosos del mundo. Al ver al humano y a la Luna paseando enfureció más, no podía entenderlo. Gritó como nunca se ha gritado y aún se puede padecer el poder de ese grito. La Luna intentó decirle lo que ocurría, luchó por decirle la verdad como nunca habría luchado para defenderse de los malos espíritus, el humano, impotente, contemplaba la escena. Una única vez el Sol golpeó a la Luna, pero esa única vez le marcó la mitad de la cara y juró que JAMÁS volvería a dirigirle directamente la mirada. Acto seguido huyó del mundo.

Los humanos perdieron toda esperanza de avanzar y evolucionar, se sumieron en guerras entre ellos y probaron de su propia carne pues habían caído en el misticismo. La Luna fue a mirarse al reflejo de un lago, se veía horrible, horrible. No se reconocía, la respuesta que le daba el lago no era su cara, su hermosa cara, era una cicatriz aún abierta. Una última vez le habló al humano, ella iba a marcharse para ver a su esposo, él podría no querer verla, pero ella daría todas las vueltas posibles para mirarle, aunque sea un eclipse, aunque solo fuese una vez más. Pero cuando la balanza de la Justicia no calcula una sola decisión de manera precisa la Desgracia se aprovecha. Antes de marcharse un grupo de humanos fue a atacar a la Luna. Muerto el espíritu que hirió al Sol este debería volver.

Si una vez había vencido a los espíritus del mal podría vencer ahora a sus congéneres, sin armas se encaró a ellos. Le fue fácil deshacerse de los primeros ataques, pero no sentía el mismo fervor por el combate que en otras ocasiones. Rugió, pero no retrocedieron, ya no sentían igual porque ya no sentían, solo querían derramar la sangre pura de la Luna. Empezó a encajar golpes, sintió por primera vez el acero en su piel, no cedió terreno, ni inclinó la mirada, tan solo se derrumbó. Para aprender a levantarse y continuar. Podía demostrar mucho más, ese era el momento, tan solo tenía que seguir luchando una vez más sin parar. Le rechinaron los dientes, la tensión en sus principales conductos sanguíneos aumentó, apretó sus uñas hasta hacerse sangrar, hasta que la sangre de las manos manaba con más fuerza que por el resto de sus heridas. Se retorció y cayó. Pasaron por encima suya. Los grilletes impuestos al humano se rompieron, su cuerpo se retorció, todo su cuerpo se fue haciendo más pequeño, le creció pelo, pelo gris, las manos y los pies sensibles se almohadillaron, las piernas podían impulsar todo su cuerpo, los largos dedos se agruparon en garras, las orejas se tornaron picudas, le crecieron los colmillos, el hocico regreso al cráneo y ahora era suave y los ojos podían ver en la oscuridad de la misma manera que veían durante el día.

La cólera se apoderó de su cuerpo, reprimir los sentimientos significaba la muerte, saltó y se apoyó en sus cuatro nuevas patas. Y aulló. Todo se detuvo, el tiempo nació y con ello todas las virtudes e incapacidades que posee el ser humano. Si querían sangre, tendrían sangre. Atacó sin procedimiento alguno, pero atacó a su voluntad. Se lanzó contra el cuello del que tenía más cercano y le perforó las yugulares. La sangre penetró en su boca, convertido su primer víctima en una fuente de sangre continuó su ataque homicida. Nunca habían visto nada así y nunca habían sentido tantas emociones a la vez. Comprobó que ahora un golpe de sus garras en el pecho abría con facilidad a un humano, no serían sus uñas tan largas como una lanza pero era más ágil, más mortífero. Los humanos sentían algo que el no iba a sentir nunca, ellos sentían miedo. Sin parar, con sus garras y colmillos, tan sólo quería oler la sangre derramada. Alzó su cabeza y expulsó el aire de sus pulmones, era un aire caliente, un aire que se extendía en vaho, un aire que profería un sonido único; su nuevo sonido, su aullido. Los que podían se desprendieron de sus armas y huyeron alterados, sus piernas les fallaban y caían de bruces al suelo para volver a levantarse torpemente, mirar atrás y proseguir la huida. Los zorros olieron la presencia de la carne putrefacta y al lamer de la sangre derramada por el humano se convirtieron en esa nueva especie animal.

La devota Luna hacía tiempo que había ascendido a los cielos en busca de su marido. Iba girando conforme avanzaba para buscarlo. El humano ahora no era humano, se había metamorfoseado en un lobo. Homo homini lupus est. Cada noche recorría el bosque con la esperanza de encontrarse de nuevo con la Luna, pero acababa sintiéndola surcando los cielos y cada noche le lanza su potente aullido, y cuando le ve toda la parte quemada del rostro aullá con más fuerza que nunca.

El ser humano: hombre y mujer, reprimió sus emociones y sentimientos porque se veía débil y vulnerable al resto de la creación. Abarcó una persecución a toda la naturaleza hasta el punto de llegar casi a su propia autodestrucción. Construyó nuevas herramientas y máquinas para arrebatar la vida y las usó contra todo animal y ser vivo, incluso contra otros semejantes. Las virtudes primigenias fueron perdiendo su fuerza y una a una van cayendo y desapareciendo por el mundo.

Pero hay algo a lo que ni los humanos, ni sus divinas representaciones, pueden vencer, es el animal más grande de su camada y aullá con más fuerza que ninguno al ver la luna. Es el cazador, Fenrir.

viernes, 20 de enero de 2012

Manifiesto del bibliotecario

En el presente texto manifestamos, tanto los que pensaron y redactaron como los que apoyen, nuestros derechos primarios como ciudadanos:
La libertad de expresión, cuya importancia recogen las constituciones actuales de Occidente, es un derecho innegable. No solo aporta justicia e igualdad a sus ciudadanos, además, es un método de intercambio de información y una forma de aprendizaje para todas las generaciones desde que el ser humano comenzó a comunicarse.
El cierre de Megaploud por el FBI ha hecho saltar las alarmas en todo el mundo sobre el cariz de los últimos acontecimientos. Las leyes de regulación que el gobierno de los EE.UU. lleva en proceso, la SOPA y la PIPA, han sido discutidas por personas de todo el mundo, mostrando la rapidez y la globalización de la red. Las quejas por las redes sociales han sido masivas, miles de tuits, páginas con decenas de miles de personas en Tuenti... Pero uno de los problemas que vemos es que muy pocos han ido a analizar lo que pasaba, a buscar el porqué. Muchos de esos tuits eran comentarios jocosos e ingeniosos, pero no aclaraban nada. Tampoco uno tiene mucho que contar, hemos abierto ventanas de más de una veintena de periódicos, tanto nacionales como internacionales y encontrábamos una información nimia. Y ese es otro problema que vemos. El hecho de que después de buscar e intentar vislumbrar algo en estas turbias aguas no hemos sido debidamente informados y lo que pone no nos parece plausible.

Ningún gobierno, sea la representación de la justicia o de lo que sea, puede tomar represalias con aquellos que opinan distinto y así lo manifiestan. Eso es lo que pensamos del ataque del FBI a Megaploud.
Tampoco estamos de acuerdo al contraataque de Anonymous. Si ellos pueden paralizar partes importantes de una nación, las naciones, con la misma legalidad que ellos, es decir ninguna, podrían hacer lo mismo con nosotros. El combate no está ahí. Primero hay que RESPETAR. Está claro que las industrias no son ONGs, mueven grandes cantidades de dinero e invierten grandes cantidades de dinero en sus productos. Sin ellas nosotros no tendríamos material que ver, oír o escuchar, tan solo una nueva oleada de gente creativa saltaría a primera plana, formando las nuevas empresas de las mismas industrias a las que ahora parecemos enfrentados.

Nos jugamos mucho en este momento, nunca hemos estado tan cerca del resto. Nuestras vidas son relatadas en los mensajes, entradas y fotos que colgamos, nuestras conversaciones se vuelven internacionales e interculturales, nuestro horario en pantalla se vuelve constante. Con la crisis que está cayendo debemos aprender las oportunidades que entre las desgracias nos brinda. La oportunidad de un cambio en la forma de producir, en la forma de pensar, en la forma de comunicar, en la forma de conmover, en la forma de vivir. Una revolución tan importante como la industrial. La oportunidad de un cambio de modelo socioeconómico que se base en el intercambio de información. No solo nos descargamos actualidades.
Intenet se ha convertido en una biblioteca donde hay mucha información muy importante, pero también hay ratas y moho, como en las antiguas bibliotecas. Algunos no sabrán hacer uso de la herramienta, pero para otros esto es un faro, para otros esto es la biblioteca de Alejandria 2.0

Y la vamos a defender sin violencia, la vamos a defender hablando.
¡Todos somos bibliotecarios!

Por qué estamos indignados

Este aporte lo ha escrito @ToSteveRose, es el último motivo de nuestra indignación. El texto se ofrece sin cortes ni pirámides invertidas

"La sociedad de hoy en día, tiende a una pasividad excesiva, los niveles de indignación ante la vulneración de los derechos básicos que todo ser humano posee , es mínima. Nadie se ofrece ante una labor desinteresada, de progreso comunitario. En este momento se dan una serie de delitos cometidos por parte del gobierno de EEUU afectando a todos los ciudadanos del planeta en el que habitamos. El repertorio al que nos podemos referir, comienza con la expropiación sin debida justificación de datos personales, los cuales están sujetos a una normativa que regula la privacidad individual a la que no se puede acceder mas que por consentimiento propio o vista judicial , previamente justificada y de modo individual. Se ataca indiscriminadamente ha nuestro derecho humano de compartir cultura, de transmitirnos información, de poder ofrecer un amplio repertorio intelectual a cualquier persona que lo desee".

lunes, 16 de enero de 2012

Carta de amor

Carta escrita por Rafael Farfalla a Briony Tallis después de separarse sentimentalmente a principios de los años setenta.

Querida xxxxxx:
Como ves estoy escribiendo una carta al estilo antiguo, un arte que se ha olvidado. Tengo que confesarte una cosa, no me gustabas mucho al principio. Eras bastante torpe e ingenua. Olías bien la mayor parte del tiempo, pero no parecías tener interés en mí. Sé que te escondías del mundo, lo que, naturalmente, me parecía ofensivo. Yo seguí con mi vida, como siempre, empezando una y otra vez con un aspecto que el resto cree que es lamentable y a mí me parece idóneo.
Es curioso, algunas cosas son siempre las mismas. Seguí comportándome como un idiota, sin comprender que hay cosas que cambian en la vida, momentos claves que moldean todo a su parecer. A pesar de que lo sabía te dejé sola contra el mundo, ese sitio tan grande y repugnante donde nos han soltado para jugar a las casitas. Pero algo se transformó en mí, perdóname, aunque sepas que no pido nunca perdón, por no darme cuenta antes cuando todavía estábamos ahí, en el momento clave. ¿Te das cuenta con cuántas conversaciones estúpidas hemos matado el tiempo? Tanto tiempo perdido hablando por la noche, sin darme cuenta de lo evidente. Que me querías.
Y ahí estuvimos, en el momento clave, en el mismo punto por el que pasamos varias veces al día, sé que piensas en ello cuando lo pisamos, porque yo también lo hago y veo como me miras para ver si hago algún gesto. Yo hago lo mismo. Proseguimos nuestro camino ahora, pero, ¿lo haremos en el futuro? ¿Hablaremos con la misma periodicidad, con la misma sinceridad?

Quererte ha sido lo más bonito, profundo, simple, intenso, repugnante y doloroso de mi vida. De hecho ha sido casi insoportable. Merecía la pena. No sé lo que fui para ti, pero juré que iba a protegerte de este mundo sin darme cuenta de que yo era el primero que te heriría. Sin darme cuenta de que sería el que más daño te haría. Cuando pienso en todas las cosas que me has dicho, en todas nuestras confidencias, no logro quitarme de la cabeza si realmente han sido sólo nuestras. Quizá se lo has contado a más gente, esa canción que bailas cuando crees que nadie te ve, ese chico del instituto que tanto te gustaba al que conociste poco después para volver a casa riéndote de lo tonta que fuiste. Tú plato favorito en los momentos malos, mierda, he puesto plato y es un helado, cosas del antiguo estilo. No pienso borrarlo, tan solo de pensar que tienes que leer de mi letra es suficiente. ¿Dónde?, ah, por los insultos que más repetías los días que tenías la regla y yo te preguntaba como un imbécil que te pasaba. Todos los meses tan descuidado. La vez que lloraste a moco tendido en mi pecho, ¿esa vez fue sólo nuestra? Cuando me contaste las razones por las que sufrías, los problemas que destrozaban tu mundo, los cuales eran inevitables. Esos momentos en los que no dormías y te pegabas media noche mirándome, pensando que despertaría yo. Esos momentos en los que yo fingía dormir hasta que te abrazabas fuertemente con temor a que el tiempo se escapase. Yo era parte de ese mundo, un pilar de mármol rodeado de sus propias mierdas al que ibas para reconfortarte. Me lo pasaba bien, incluso en los días que me hacías sentir un bártulo inútil y yo no encontraba las palabras necesarias para hacerte sentir bien. Tan solo estaba ahí, inmóvil como una torre.

Cuando camino hacia adelante se me parte el corazón. No logro comprender como puedes hablar de mí con orgullo. ¿Cómo podrías hacerlo? Soy algo horrible. Noble en la teoría, débil en la práctica. Todo se está volviendo oscuro para mí, veo cada vez menos y tengo más fatiga. Quiero descansar de una vez y no tener que levantarme preocupado. Preocupado por mí, solo me importo a mi mismo, no me importa nada o me importa todo.
Es gracioso porque vuelvo a atravesar los problemas de la adolescencia, no sé como nombrarme. He de confesar, contigo ambos eramos unos adolescentes, unos niños en cuerpos de adultos, no queríamos responsabilidades, pero nuestro momento era lo más responsable que hemos exprimido en nuestras vidas. Hemos sido dos guerreros, luchando espalda con espalda, y me alegro que le tirarás el vaso a ese baboso pseudosentimentalista. Me alegra haberte hecho gritar tanto tiempo y que me golpearas, no me arrepiento de nada. Salvo de seguir adelante.
Tengo tantas conversaciones nuestras recogidas. Entenderé que no veas esta carta, es posible que no te la mande. Si la estás leyendo no te molestes. Mi antiguo yo era capaz de enviarla. Perdería la única copia, y ya me vale con perder tus recuerdos, formaban la mitad de mí. Me alegro de no ser mi antiguo yo. He cambiado mucho, los dos.
Desde que te conozco la mitad del tiempo he estado con esa gran y bobalicona sonrisa presidiendo mi gran, bobalicona y fea cara. Lamento ser como soy o no haber estado a la altura de las circunstancias. Para mí el tiempo se detiene en una de nuestra conversaciones. Y es algo perfecto, con todas tus excentricidades y manías. ¿Nos amamos locamente? ¿Nos amabamos? Ya solo queda la luz de una vela, se está haciendo tarde y mandará la oscuridad. Fue un placer compartir la conversación y los silencios.
Caprichosamente tuyo
Rafeal Farfalla.

lunes, 9 de enero de 2012

Servilleta de bar

Estaba revolviendo los cajones en busca de un boli o lápiz que funcionase cuando he encontrado una servilleta de bar, ensuciada con una mala caligrafía. Era un poema que escribí hace un par de meses. Así que lo copio aquí antes de que lo pierda o me envuelva un bocadillo con él.

Momento nocturno en el que te duele la cabeza
y en lugar de marchar, bebes otra cerveza,
mientras baila en el altar de neón ella
y no sabes si te sonrié o bosteza.
Lunes por la mañana, sientes pereza,
es la vida y no las sábanas lo que te pesan;
o dices vida por no hablar de cobardía.

domingo, 8 de enero de 2012

Respuesta de Gorki a una pregunta técnica de Konstantin Fedin

Dice usted que le preocupa el asunto de cómo escribrir. He estado observando durante veinticinco años cómo le preocupa eso a la gente...Sí, es un asunto serio; también a mí me ha preocupado, me preocupa y seguirá preocupando hasta el fin de mis días. Pero, para mí, la pregunta se formula así: ¿cómo debo escribir para que el hombre, sea quien fuere, surja de las páginas de narración con esa fuerza de la palpabilidad física de su existencia, con esa fuerza lógica de la realidad semi-imaginaria con que lo veo y lo siento?

jueves, 5 de enero de 2012

Hiperbreve

Y sin que hubiese motivo alguno, le hizo un lazo con sus brazos y se fundieron en uno. Un beso y un abrazo.

domingo, 1 de enero de 2012

Esa copa de menos

¿Por qué no reprimimos nuestros sentimientos? Pues está claro que no decimos lo que sentimos, o no como lo sentimos. Nosotros somos los primeros en hacernos daño y por supuesto no queremos que otros nos hagan daño, pero los segundos que más daño nos hacen son nuestras parejas y amigos. Si se nos da está contradicción, por qué seguimos sin decir lo que nos ocurre, por qué tenemos que aguantar hasta reventar lo mucho que amamos a una persona, lo buen amig@ que es otra. Las acciones que hacemos son importantes para la vida de los demás. El nombre de los chupitos que tomamos, la relación que tenemos con otr@s o la relación que perdemos con otr@s. La acción más nimia para nosotros puede significar algo de vital importancia para otras personas. Nosotr@s formamos parte de las personas que conocemos. Rehuir a saludar a una persona, escapar de la escena del crimen, sentirse molesto porque esa otra persona está enamorada de ti, eso son tonterías que no queremos hacer y hacemos. Da igual que nos las imponga la sociedad, la presión de grupo o el nuevo psicoanalista, los que tomamos la decisión somos nosotr@s.
Tú deja que pase el tiempo...y solo habrá pasado el tiempo. Nada más. El tiempo será como este una y otra vez. Deja de hablar con una persona porque te incomoda lo que te hace pensar y perderás una parte del habla. Deja pasar ese posible amor y suplicarás luego una pizca de algo parecido. Y la cosa no va de que unos nacieran para ser abusados y otros para resistir, no es tan fácil como que te presenten a una persona y te diga lo mejor de ti, no va de ser el mejor de los pretendientes, ni el más mono de los idiotas. Hablamos de amputarnos las máscaras y caminar, caminar con la cara sangrando aunque nos miren raro, caminar a nuestra bola porque somos únicos, quizá sea esa la diferencia entre nosotr@s y el resto, o simplemente practicar el derecho de no caminar. ¿Por qué necesitas estar borracho para decir lo que realmente sientes por los demás?

Se te otorgó un tiempo aquí, no lo malgastes en tapar lo que cualquier persona con un mínimo de profundidad puede vislumbrar. No te conviertas en otra generación que pasa sin pena ni gloria acabando en la misma frialdad de la lápida para que venga otra generación que hable del amor, la igualdad y la justicia y en realidad no tenga seguridad ni de sus propios sentimientos. Todo empieza a verse distinto si contestas correcto a una pregunta sencilla.
Yo soy un nuevo día despuntando,
Yo soy el nuevo cielo
Para colgar las estrellas sobre esta noche
Estoy un poco dividido,
¿Debería quedarme o alejarme corriendo…
Y dejarlo todo atrás?