Escucha a las piedras, incluso ellas tienen su grano de sabiduría. ¿Cuánta sabiduría tienes tú en cambio? Es un bien bastante escaso en los humanos, la única certeza que tienen es que van a morir.

jueves, 7 de junio de 2012

El trofeo de la humildad

Hoy Goliat visita la tumba de David,
hoy, ayer y siempre termina la vida.
Y desde ahora ya no estará en la banda,
lanzando gritos, pidiendo una demanda
de atención, sacrificio, un gol en la ida.

Vida de soldado de primera fila
guerrero herido de pocas palabras
y de la verdad cuando hablaba.
Hoy el grande tu virtud asimila.

Demostrador del poder de la humildad
MI admiración va más allá de la profesión,
va por todos a los que causaste emoción.
Por tu normalidad y esfuerzo día a día.

¿Cuántos trofeos pueden equipararse a tu lado?
Por tu carácter individual,
tu dolor, tu manera especial
de hacer de la tragedia una comedia griega.
Porque tu nombre debe figurar en un estadio.

Yo también creo que el campo del Sporting debe llamarse MANOLO PRECIADO.

La mesa de los locos soñadores

Hoy algo me ronda por la mente y me impide cumplir mis obligaciones. Creo que el S. XXI está empezando a tomar la forma del siglo de la falsedad. Ya no nos enamoramos sino que sufrimos atracciones hormonales, llamamos a los errores experiencia, ya no nos comunicamos sino que nos tuiteamos, ya no hay perdón sino una prorroga pasional, las manos ya no tocan otras manos y en lugar de enfrentarnos a nuestros problemas rehuimos a eso para criticar a otras personas. Y oigan, eso no me parece.
Creo en el esfuerzo. Pero en el esfuerzo de verdad y no en el esfuerzo de última hora por cumplir y quedar bien. También creo que si no te esfuerzas, si no haces algo, aunque ese algo sea cometer un error, sólo puedes esperar a tener suerte. Mirando a la calle no veo eso, no veo que el esfuerzo sea recompensado, al contrario, veo demasiados desconsolados. Ahora pienso en concreto, sueños, personas, proyectos, ilusiones y gente que intenta mermarlas. Porque da igual tu posición, cuando te lanzas a la búsqueda de ese algo siempre hay personas que intentan destruirte. ¿Por qué? Porque ellos no tienen el valor suficiente para hacer lo que tú haces, porque viven esperando golpes de suerte. Porque la autocrítica no tiene cabida en este país. Apenas hay gente que lo haga.
Estoy recordando conversaciones de personas que me criticaban algún comportamiento o objetivo al que costaba llegar y simplemente ell@s habían hecho todo lo que podían y todo lo habían hecho bien. Existe esa gente. Y ahí te quedas tú con cara de ñandú sabiendo que siempre se puede hacer algo más y algo mejor, que siempre cometes pequeños errores y lo que haces es que tus aciertos se vean más que tus errores. Y te toca tragar otra tempestuosa crítica que muchas veces no solo no mereces sino que se la debería dar a sí mismo la otra persona.
Pienso en esas personas que no sólo tienen proyectos, sino que los intentan llevar a cabo. Muchas veces apenas les conozco, pero les sigo desde la oscuridad que me proporciona sentarme en la mesa más alejada del bar. Estás ahí cuando eres necesario y no como muchas otras personas que solo están ahí cuando las cosas van bien. ¿A cuántas personas has ido abandonando a lo largo de un año? Esas personas lo hacen para sentirse cómodas. ¿Pero cómodas en qué, en la falsedad?
Yo me emociono cada vez que alguien se acerca y me dice que ha visto algún vídeo, me sigue por la radio, ha leído cualquier cosa escrita por mi puño. Me alegro, y me alegro sean las 12 como las 02. Me alegro aunque esa semana haya dormido una mierda. Y por eso no me gustan esas personas cercanas que muchas veces impiden a otras personas que te digan algo. Forman como camaradas de emociones y sentimientos que tú has causado en otras personas pero que nunca vas a poder saber porque, sencillamente, a otras personas les parece que no te mereces, que en realidad no eres mejor que ellos aunque ellos se pasen más tiempo de fiesta en fiesta que trabajando. Porque hoy en día hasta conseguir una sala para ensayar conlleva hacer gestiones.
Muchas veces no se reconoce tu trabajo, pasa más a menudo en la realización, porque el hecho de estar detrás, dirigir a una orquesta de personas se diluye con lo que se ve. O porque en lugar de poner quien ha sido el encargado de la fotografía te ponen como colaboración. Colaboración, muy bien, pero, ¿en qué? Igual es justo lo que sobresale.
Me apena saber que siempre habrá ese tipo de gente, gente del mínimo esfuerzo, del vamos a preparar esto para mañana te llamo pero no sólo no tengo nada preparado sino que espero que me lo prepares tú. Y también me alegra saber que siempre hay personas que siguen de cerca tus progresos por pequeños que estos sean, que hacen un poco como tú, escondidos en la oscuridad de la última mesa te observan entre bocanada y bocanada a la pipa. Al final te acabas rodeando de esas personas y acabas haciendo cosas con esas personas y en cuánto al resto, pues terminan siendo tu Rufus Wilmot.

PD: Siento expresarme tan mal.

jueves, 31 de mayo de 2012

Veneno

Corre lentamente por mis venas
lo que mató a tantos seres;
se expande cual fuego por la ladera
arrebatando fugazmente el resto de atardeceres.

Corre lentamente sabiendo que tengo un alma
pobre y desarraigada que perder;
monstruo interno cruel que desgarra
todo aquello que no quise vender.

Lucha constante contra el dolor,
el conocimiento no me hace sentir mejor;
siento perder el control
de lo que pasa en mi interior.

Las heridas provocadas por cristales
son ahora horrendas cicatrices
que curé con lágrimas y vinagre,
pero no empiezan ahí mis males.

En peligro de extinción cual lince
entre los campos solitarios de centeno,
soñé despierto un imposible
que chocó con la realidad; mi veneno.

martes, 15 de mayo de 2012

Un honesto deseo de futuro


"Mi vida ha sido capricho, impulso, pasión, anhelo de la soledad, mofa de las cosas de este mundo; un honesto deseo de futuro". Edgar Allan Poe (1809-1849)


Hoy he estado leyendo a una escritora bastante poco conocida por el público en general, Francis Sargent Osgood. Y como todo autor poco conocido tienes que llegar de alguna manera a su obra. Su descubrimiento para mí es sencillo: También fue famosa por sus intercambios poéticos con Edgar Allan Poe. Y no sólo fueron intercambios poéticos. Todo empezó con una crítica de Poe en una conferencia. El bostoniano le declaraba un gran futuro. Ella, también bostoniana le envió una carta diciéndole "es conocido como el crítico más duro del momento" lo que significaba que el elogio la había impresionado profundamente. 

Se conocieron en 1845 cuando Virginia, la mujer de Poe, sufría un avanzado estado de tuberculosis y Frances estaba separada, que no divorciada, de su marido, un desconocido pintor y muy conocido promiscuo. Virginia aceptaba la relación que tenía Poe con Frances, es posible que en su estado y conociendo a su primo quisiera que alguien lo cuidase y amase. Para Poe, Frances era un calmante. Sólo para impresionarla dejó el alcohol. Pero no todo era una cristal rosado, muchos criticaron esa "relación" difamándoles; y como las historias ficticias en la realidad esto terminó destrozando a la pareja. La también poetisa Elizabeth F. Ellet, cuyo afecto había despreciado el escritor, difundió rumores sobre los dos, llegando a comentar a Virginia las presuntas faltas cometidas. Ellet sugirió incluso que el tercer hijo de Osgood, Fanny Fay, no era de su marido, sino de Poe. Osgood, en un intento de preservar su honor, envió a Margaret Fuller y Anne Lynch para pedir a Poe que le devolviese las cartas que le había escrito a fin de destruirlas. En julio de 1846 el marido de Osgood exigió a Ellet que pidiera disculpas a su esposa, si quería evitar ser demandada por difamación. Ellet respondió en una carta retractándose de sus declaraciones y culpando de todo a Poe y a su esposa Virginia. Desde 1847, Osgood y Poe no volvieron a relacionarse.

El 3 de octubre de 1849 fue encontrado un borracho con evidentes síntomas de delirium tremens por las calles de Baltimore, ese borracho era Poe. Murió el 7 de octubre, no tuvo ningún momento de lucidez durante esos días. Dos días después de la muerte de Poe, apareció un obituario firmado por un tal "Ludwig", que luego se reveló era realmente el crítico y antologista Rufus Wilmot Griswold. Griswold, quien más tarde se convirtió en el albacea literario efectivo de las obras de Poe, fue realmente uno de sus rivales literarios, y quien posteriormente publicó su primera biografía completa, retratándolo como un depravado, un borracho y un loco turbado por las drogas, y llegando incluso a falsificar cartas del poeta como evidencia de ello. Se cree que gran parte de la evidencia utilizada para construir esta imagen fue forjada por Griswold, y a pesar de que muchos amigos de Poe lo denunciaron, ésta fue la interpretación que tuvo un impacto más duradero.
Frances volvió con su infiel esposo en 1947, ya empezaba a padecer la tuberculosis que se la llevaría, él la volvió a abandonar y solo regresó cuando su estado era crítico. Murió un año después que Poe, el 12 de mayo de 1850. 

Esas cartas que Poe no quiso devolver para salvarlas del fuego me han inspirado. El fuego que no quema salvando del fuego que acaba con lo que debería ser eterno. Ahí va mi pastelada:

¿Anhelas que te amen?
No pierdas tu gracia,
ni tu forma de sentir
porque aquellos que anhelen
tu sonrisa para vivir
te querrán por tu ser,
por tu forma sutil.
Por aquello que has de ser
te admirarán sin fin
y la espera para mí
será un gozoso...deber.


viernes, 11 de mayo de 2012

Compañeros de viaje

Todos los días leía el periódico. Empezaba por las esquelas. Quería saber si él había muerto. Leía el periódico en el bar, el mismo desde hace más de cuarenta años. El dueño del bar era desde hace ocho años un hombre del Este. De pelo corto y cara cuadrada, no hablaba mucho por las mañanas. Ella bajó a la misma hora de siempre. Eran algo más de las siete de la mañana.
 - Un cortado, por favor-pidió la mujer.

Tomó el periódico, no estaba el nombre que buscaba. Se tomó el café con calma, ya no trabajaba. Pero ella había sabido sobrevivir sola. A pesar de los golpes. La habían abandonado en el altar.

Él, un hombre guapo, alto y con recursos, había huido en el último momento. Con el tiempo era preferible pensar que lo hizo por miedo al compromiso, a la responsabilidad. Así que salió adelante como pudo. Claro que amó a otros hombres, pero nunca pensó en casarse. Ahora vivía sola.

Cuando acabó con el periódico dedicó un largo tiempo mirando a las personas que había en el bar. Para ella parecían personas cansadas, viejas, sin apenas esperanzas. Agonizando. Enfrente dos hombres jugaban a las cartas, ambos mayores, ancianos. Conocía a los dos. Había hecho el amor con el hombre de la derecha hacia unos treinta años. Por aquel entonces era un hombre de ojos verdes, rubio, trabajaba soldando y fumaba dos paquetes de cigarrillos al día. Ahora apenas tenía cabello, le costaba levantarse de la silla y tosía al entrar en un ambiente cargado. El hombre de la izquierda le convenció de comprarse una moto a principios de los sesenta. Gracias a esa decisión consiguió varios empleos. Hacía décadas que tiró la moto.

En ese momento entró un hombre calvo, de unos cuarenta años, ojos azules rasgados, portaba una guitarra. Pidió un café para llevar. Se marchó al recibir el pedido y pagar. Temblaba. Al salir el anciano de la derecha comenzó a llorar. Lo hacía cuando recordaba a su difunta mujer. Nadie se acordaba de la fecha su fallecimiento. Uno se veía incapaz de ayudar en aquel momento.

- Era tan bonito y tan triste. Reíamos juntos, lo triste era que solo nos podíamos reír de una manera -el viejo soldador le puso una mano en el hombro.
- Dimitri, ponle un pacharán -dijo.

La mujer veía la escena, ya le parecía algo normal. Reflexionaba sobre aquellos hombres que tenía enfrente. Pinceladas de lo que fueron, grandes cuadros que el tiempo echa a perder. Dejados a su suerte, ella misma había sido abandonada. Y se las apaño. Ellos tampoco lo hacían mal, después de todo.

A las ocho y media se marchó del bar como siempre. Sonaba música de cuerdas pulsadas. El hombre calvo tocaba la guitarra, sin importarle el frío. Y tocaba bien. Los acordes eran claros y no se atropellaban unos a otros. Tampoco cantaba mal. Francés, o por lo menos cantaba en francés. Cantaba canciones de Brassens.

Era irónico que la música durase más en el tiempo que los humanos. Y se miró las manos arrugadas. "Rompe el aire silencioso en ondas como yo hice con mis manos para sobrevivir", pensó. Le lanzó una moneda. No sabía su valor, ni le importaba. Ahora luchaba él para vivir, morir y volver a la tierra. La vida no es mala. Ella tuvo una buena vida. Lo malo es una agonía larga, eso acaba con los buenos momentos vividos. Hacía frío. Subió a su casa.