Escucha a las piedras, incluso ellas tienen su grano de sabiduría. ¿Cuánta sabiduría tienes tú en cambio? Es un bien bastante escaso en los humanos, la única certeza que tienen es que van a morir.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Mientras aburrías al resto

¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!
Los ojos que son como flores rotas,
legado de derrota duradera,
dan frutos si el sentido aflora.

¡Qué negras manos llevo a tu cabeza!
Parecen manos de otra persona,
dando vueltas a un mundo que destroza.
¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!

Luna brillando ante los problemas,
llagas abiertas tiñendo de malva,
el suelo grisáceo de las callejas,

¿Qué os ocurre corazones? Nada.
Problemas que apaciguan y queman.
¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!

lunes, 17 de octubre de 2011

Pájaro de la jaula, pájaro del viento

Era una tarde de verano, la ventana estaba abierta y como llega el aire llegó un pequeño pajarillo al alfeizar. En la habitación estaba una jaula en donde habitaba otro pequeño pajarillo sin la oportunidad de poder batir sus alas. Uno no conocía la libertad del mundo, la fuerza del viento, el goce de batir las alas y volar, alejarse de los problemas y sobrevivir. El otro no conocía la tranquilidad del hogar, el ritmo de la vida hogareña, la verdadera libertad, no conocía el vivir el día a día como si no hubiera otro.
El pajarillo que venía de fuera se acercó y fijamente se miraron el uno al otro. Ambos eran iguales, únicamente les separaba unos finos barrotes. Durante un momento se miraron y después de ese momento el pajarillo que había entrado por la ventana habló: 
-Pájaro de la jaula, sal de ahí y vente conmigo a volar, viviremos felices sin un momento que desperdiciar.
-Pájaro del viento, entra en la jaula y acércate a mí, juntos la llama de nuestras vidas no se apagará, olvídate del frío y peligroso aire y preocúpate también por ti.
 Ambos pajarillos estaban opuestos uno al otro en cuanto al futuro de sus frágiles vidas y no cambiarían de opinión. Estúpidas sus mentes son, si supieran que eso se llama amor…
-Pájaro del viento, tú hogar es un sitio peligroso, vuelan halcones y aviones contigo, entra conmigo y descubre el calor.
-Pájaro de la jaula, tu hogar esta vallado, no eres libre, el tiempo pasará y no habrás encontrado el goce de vivir.

El pájaro del viento se acercó aún más a la jaula y comenzó a darle picotazos a la cerradura. Mientras el pájaro del viento golpeaba sin cesar a la cerradura el pájaro de la jaula le instaba a dejarlo en paz. Poco a poco el pico del pájaro del viento comenzó a sangrar, los golpes que daban eran muy fuertes mas a pesar del derramamiento de su sangre cada golpe que daba era aún más fuerte que el anterior. Finalmente la cerradura con un ruido seco cedió y la puerta lentamente se abrió.
-Pájaro de la jaula, ya no tienes excusas, juntos podremos volar hacia los rayos del sol, no te amargues más.
-Pájaro del viento, no conoces la vida, he visto a muchos pájaros, márchate, ayer vino otro pajarillo y hoy estoy esperándolo para verlo, no me pidas que vuele contigo.


El pájaro del viento agachó el pico, y brincó hacia la ventana, quería huir, le oprimía el pecho, no había sido casualidad la venida hacia esa habitación y no se rendiría tan fácilmente.
- Pájaro de la jaula, no puedo decirte porque habrías de saltar al vacío por alguien como yo, no sé lo que hay entre nosotros – la voz se le quebraba porque le entraba la sangre por el pico y le bajaba hasta los pulmones – puede que este sea el momento que lo cambia todo, únete a mí y comparte tus alas con las mías – el pájaro de la jaula no habló, y el pájaro del viento alzó sus alas y se fue.
Al poco rato por la ventana entró otro pájaro con aires de altanería y le dijo al pájaro de la jaula que salieran a volar, el pájaro de la jaula acariciaba con su pico a el pájaro venidero, después las caricias se repartieron y cuando parecía que iba a salir se quedó en la jaula. El pájaro de la jaula era totalmente independiente, no necesitaba de la vida de otro, por esto, solo salieron un par de alas por la ventana.

El pájaro del viento voló muy lejos para calmarse. Tenía hambre y intentó cazar, pero tenía el pico fisurado y los gusanos se escapaban la mayoría de las veces. En pocos días perdió muchas fuerzas, apenas podía volar. Una tarde con el viento en contra, cerca del mar le atacó por detrás un halcón. El pájaro de viento comenzó a hacer sus giros y cabriolas que le habían servido para salir de estos apuros todas las veces anteriores, pero aún no había cicatrizado del todo la herida del pico y el halcón volaba con fuerza detrás de él. Le intentó agarrar con las patas pero el pájaro se detuvo y el golpe solo le hizo volver a sangrar la herida sin curar de la lucha con la cerradura de la jaula.
La sangre le resbalaba y se le metía por los ojos, primero fue un picor, más tarde fue una mancha en el ojo que le impedía ver y finalmente la sangre, la sangre derramada por abrir una cerradura le cegó. El halcón le intento atacar desde abajo y el pájaro esquivó de nuevo el golpe, este es un mundo con vueltas y recovecos en el que los segundos pasan dejando atrás los momentos de cambiarlo todo y ese momento pasó hace mucho tiempo. Al siguiente golpe el pájaro del viento fue atrapado, las garras del animal le traspasaron su diminuto corazón y todo sufrimiento se perdió, todo posible dolor fue aplazado, las horas de vuelo, los sentimientos causados por la fuerza del viento y el batir de las alas se perdieron, como las nubes que se pierden en la inmensidad del cielo.
Pasaron muchas lunas y muchos soles se marcharon de la jaula. El pájaro de la jaula intentó ser feliz, pero nunca pudo serlo. Pasaron muchos pájaros, algunos marcharon, otros se quedaron pero no pudo ser feliz, porque la felicidad se había escurrido una mañana en las garras de un halcón. Siempre, tarde o temprano, recordaba aquel pajarillo que le fue a visitar aquella tarde de verano y dejo marchar. Un día por la noche se acercó una sombra tras el pestillo de la puerta, enseguida el pajarillo notó el frío que la acechaba.
La sombra era oscura, sin embargo, se volvió blanquecina en el fondo. Unos dedos gélidos se acercaron si llegar a acariciar al pájaro de la jaula, de improvisto escuchó una voz:
-Pájaro de la jaula, tus barrotes no te protegerán de mí, sal de tu prisión y marcha conmigo allá donde empieza el reino del mar. Marcha conmigo porque pudiste y no quisiste amar.

El pájaro de la jaula comenzó a piar, de sus ojos brotaban lágrimas de piedad. Fue miedo del que dirán el que no quiso amar, fue miedo de volar y desplegar las alas, miedo de decirle que juntos podrían descansar dentro por las noches, que juntos ante el frío se podrían arropar. El momento que pudo cambiarlo todo se había esfumado y se había perdido como lágrimas en la lluvia, era hora de partir, allá donde empieza el reino del mar. La sombra cruzó los barrotes sin sangrar, sin problemas rodeó al pajarillo que tiritaba de frío y volvió a hablar:
-Pájaro de la jaula, solo una vez se puede batir las alas, sabes mejor que yo, que solo calan hasta los huesos los momentos donde dejas a alguien escapar, el pájaro del viento murió cazado por un halcón sobre las estelas del mar.

El pájaro de la jaula pensó en lo grande que era el mundo, en el momento de saltar al vacío a pesar de lo que dirían el resto de animales, los hombres o las rosas rojas, reinas del resto de las flores y guardianes de imposibles amores. La puerta seguía abierta, no la había arreglado desde que el pájaro del viento la abrió con su pico. De improvisto comenzó a volar y escapó de la jaula, pero no estaba acostumbrado a usar las alas y los músculos le fallaban, al salir de la ventana la sombra blanca le tocó suavemente y el pájaro de la jaula cayó. Antes de llegar al suelo su llama se apagó, todo hubiese sido distinto si hubiera sabido hablar aquella tarde de verano, porque nacemos solos, pero podemos vivir juntos. Debemos amar, sin eso ya no se podría decir que hemos nacido.




sábado, 1 de octubre de 2011

Buscando al hombre de fuego



Tanta sombra y oscuridad,
tanto desamparo ante la lluvia,
el tiempo es la vida
y yo lo pierdo mirando tu sonrisa.
Oh no, he dicho demasiado de lo que siento.

Tantos son los hombres aduladores
que te persiguen prometiéndote soles.
Yo estoy en silencio en un rincón,
bailando, intentando ser el centro de tu atención.
Oh no, he dicho demasiado de lo que siento.

Intentando mantener contacto contigo,
no sé si estoy perdiéndome,
si estoy desbordando el manto de Penelopé.
Sé que parezco un necio ciego, herido, herido.
Oh no, he dicho poco de lo que siento.

Considera esto la enseñanza del siglo:
"Toma las coloridas flores
antes de realizar tus últimas confesiones,
pero, asegúrate de que sean reales"

Creí verte amarme,
creí verte reír,
creí que creía vernos vivir.
Solo era una hoguera enmudeciendo,
solo era otro amargo sueño,
donde los peces sabían volar.
Oh no, he regalado más de lo que debía dar.

Todos los castillos de naipes que van cayendo
fueron unos buenos sueños.
Soñé que vivíamos ambos juntos,
pero, los buenos sueños no cambian el mundo,
les vale con hacernos perder el rumbo.
¡Oh no!, he nombrado a quien no dejo de amar.

Soñé que soñabas en nuestros momentos,
pero era irreal. Comienza el incendio
sin control, sin control, lo domina todo el viento.
Oh no, me toca caminar por buscar.

¿Dónde está el hombre de fuego?
Ensombrecido, entre la vida y la muerte,
estancado sin futuro y sin presente.
Si no veo mi propio humo,
cómo voy a poder fraguar sus rumbos.
¡Oh no!, ya vuelves a rechazarme.
Todas hieren, la última mata,
si vas a odiarme, ataca.
Me amas y aún no lo sabes,
crees que aún no lo sabes,
creo que crees que aún no lo sabes.

Nos vemos en el camino. R.F.

domingo, 25 de septiembre de 2011

La Biblia y el calefón

Año 33. Oriente Próximo. Un hombre moreno se sienta con sus amigos en lo alto de una colina cercana a un lago donde antes habían estado pescando un poco. Todo esto sería lo más normal por aquel entonces si no fuera por las cerca de 200 personas que se han sentado alrededor de la cima para escuchar al moreno. Por lo que decían ese tipo flaco y desaliñado era el hijo de Dios.
El tipo aquel les estuvo hablando sobre la igualdad, el amor y la solidaridad durante media hora y después se pusieron a comer. Pero iban a comer separados, cada uno con los que habían venido. Eso significaba media hora perdida, para eso se hubiese ido a tomar la siesta con María Magdalena, eso nunca hubiera supuesto perder media hora, ni dos. Le pidió a un hombre rudo con cara de roca que le pasara todo lo que tenían para comer, y lo separó en dos cestos: uno con pan y otro con peces.
Los cestos sin tocar pasaron al siguiente grupo. Perplejos. Atónitos. Confusos cual trabajo manual en Sabat. Aquel primer grupo se había llevado más comida de la que necesitaba, más pedazos de pan. ¿Para qué? Cogiendo un poco del cesto y dando más de lo puesto fueron pasando la comida. Uno puso un pedazo de carne, otro cogió la carne y dejo medio pescado. Poco a poco fueron pasando los cestos y necesitaban ya más para poner lo que dejaban.
¿Se imaginan si después de toda una lección de dar sin esperar recibir no lo pusieran en práctica? Luego lo escribieron mal, el periodismo en esa época no estaba muy calibrado, y hablaron de milagro. Pero hubo milagro, el milagro de que casi 200 personas dejaran de pensar en ellos mismo y diesen lo que tenían para montar una comida.
Estaba riquísima. Luego se fue con Magdalena, a hechar la siesta; ya saben, la biblia y el calefón.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Carta a los terroristas

Querido terrorista:

Sé que hoy has estado viendo la jodida tele, y perdona que diga jodida, y has temblado. Sé que hace 10 años tú creías que nos íbamos a morir de miedo, nos habríamos de detener y lo hicimos, algunos solo unos segundos para luego ir raudos a salvar vidas, como todos los putos héroes que murieron en un amasigo de hierro y fuego que fue la bellísima ciudad de New York, estuvistéis a punto de hacer cambiar hasta títulos de obras literarias escritas mucho antes de que vosotros siquiera hubieseís nacido, pero no sucedió.
Hoy han pasado 10 años desde que decidieron que podían vencernos, de que el horror y el terror unidas a la ambición personal y a un poco de lo que ustedes llaman misión divina vencerían a tod@s las personas libres de este mundo, pero no contaron con todos ellos, funcionarios del glorioso coloso americano, bomberos, policías, incluso los conserjes del mismo piso que ardía, se consumía y caía derribado mostraron sus verdaderas identidades, sus poderes, la inteligencia, el honor y la dignidad.
Aterrorizados ante las llamas, siguieron como los protagonistas de las novelas en las que pensamos por qué no se rinden, por qué no se van a sus casas y dejan que la oscuridad y las sombras se apoderen del mundo; bueno, para empezar las sombras no son de su propiedad, yo sé mejor que nadie quien ostenta ese poder, la oscuridad ya se formó después de 56 minutos de incendio al caer la primera, 102 al hacerlo la segunda como buenas gemelas.
Quizás ellas ya tenían pensado caer algún día, como les pasa a los árboles que sujetos a la tierra  durante años el día más silencioso deciden caerse por una simple brisa, pero este no fue el caso, y con la caída se hizo la polvareda y la oscuridad, no veían nada, estaban bajo toneladas de escombros, atrapados, lo juro por mi tarea de matemáticas que nunca llegue a terminar, estaban aterrorizados, pero ni con esas desistieron, si pudieron salvar a alguien más y volver para caer, lo hicieron y los que ese día tuvieron la suerte de sobrevivir cada día como hoy es solo una herida sin cicatrizar, "yo pude salvar a otro más, pero no podía respirar y tuve que salir", jodidos valientes, aún darían sus vidas por salvar a más.
No solo matastéis a casi 3.000 personas, ahí murieron todos sus sueños y ambiciones y todos los sentimientos que podrían tener, pero aunque todavía os creeís intocables, os hemos vencido, os vencieron ese día sin usar ni una bala, ni una arma y os volveremos a vencer. Como tantos otros murieron por la libertad, por la que hubiese en aquel momento y como tantos otros murieron antes de tiempo, en Troya, Las Termópilas, Salamina, Los Campos Catalúnicos, Lepanto, Londres, París, Madrid. En todos esos lugares en donde alguien se sacrificó por el resto, ahí os vencimos y seguiremos haciéndolo, aunque nos cuesten otros 343 bomberos y 37 policías, aunque nos cueste otra RAF y toda la sangre y las lágrimas que son capaces de segregar nuestros cuerpos; mientras vosotros lucheís por el poder, la avaricia y la muerte y nosotros lo hagamos por el honor, la vida y la inteligencia, os habremos vencido; mientras nos sigamos besando en el hijo profundo que llegará, os habremos vencido; mientras nos besemos dormidos y despiertos se seguirán besando nuestros muertos, se seguirán besando los primeros pobladores del mundo como bien dijo Miguel Hernández y os habremos vencido; mientras haya un solo hombre y mujer libres en un lugar libre donde todos podremos reflejarnos en sus hazañas y levantarnos contra la opresión y la caricia de destrucción que nos queréis imponer os habremos vencido, seréis incapaces de doblegarnos, podréis destruir nuestros cuerpos, pero de ellos brotarán las hierbas y las flores que se impondrán en el mundo.
Queda mucho por hacer, pero cada uno de nosotros bien vale por un par de vidas futuras, por los que vendrán detrás, por los que están lejos y son inocentes, todavía no lo sabéis, pero nos tenéis miedo, verdadero terror, tenéis miedo al sacrificio de verdad, a la responsabilidad como seres humanos para con la integridad del otro.
Cascadas, cascadas y oscuridad, pero oh, siempre regresa el sol y cuando lo hace brilla más y vuela más alto, los dioses combaten a nuestro lado y las almas del resto nos animan a seguir, entre escombros, fuego, muerte y destrucción.
Debo dejarte aunque todavía no sepas porque has temblado al ver la tele, solo he de decirte que algún día nos veremos las caras, frente a frente y si llega a darse el caso de que me vencieras, hipotético e imposible, YO haré al resto más fuertes y no habrá lugar en el mundo donde no sepan de tu fechoría, no habrá lugar donde puedas dormir, ni dios al que puedas rezar porque todos me llorarán como todos lloramos por todos los héroes, pequeños gigantes que decidieron meterse en la boca del lobo de la muerte y entre los dientes de Morkai salvaron a personas que creecerán y se reproducirán, somos legión y nos temes, temes que seamos cada vez más abiertos de mente, porque cuando todos nos unamos la luz llegará creyéndose la más veloz para comprobar que el fuego que late de nuestros corazones ilumina más y es más puro.
Te deseo felices sueños, el día menos pensado miramos nuestras similitudes y acabamos contigo, mientras tanto:
¡VIVA LA VIDA Y LA LIBERTAD!