Escucha a las piedras, incluso ellas tienen su grano de sabiduría. ¿Cuánta sabiduría tienes tú en cambio? Es un bien bastante escaso en los humanos, la única certeza que tienen es que van a morir.
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lunes, 19 de marzo de 2012

La llamada de La Muerte

That is not dead which can eternal lie,
And with strange aeons even death may die.

La pérdida de la sensibilidad es uno de los procesos más fascinantes que le puede pasar a un ser humano en vida. Comienza con un dolor envolvente, un dolor que te provoca, un dolor que espera que le hagas daño, que lo quieras destruir. Puedes usar medicamentos, puedes intentar detener el avance con las azucaradas hadas verdes, o incluso clavarte utensilios hasta que empieces a sangrar. Da igual todo lo que hagas, tanto si intentas destruirlo como si intentas huir, el dolor permanecerá ahí, siempre provocándote.

Más tarde; una vez uno ha aceptado ese dolor como el más íntimo de sus amigos, se inicia un proceso crónico, el dolor nunca te abandona, lo que si escapa de tu cuerpo es la facultad de percibir. Primero es el frío, cuando hace frío el dolor se recrudece, después el calor, más tarde el contacto con superficies ásperas, y cuando crees que nada más puede volatizarse no sientes lo que tocas. Bien puede ser las brasas de una hoguera o el cabello suave de una mujer, el caso es que NO SIENTES NADA. Nunca más.

Así estaba yo esta mañana, con grandes dificultades para levantar la taza de café con mi mano izquierda, soy una zurda conversa, sin darme cuenta de que está ardía. Al cambiarla de mano no tuve remedio que dejarme llevar por mis más básicos instintos haciendo soltar la taza. No me importó mucho. Es lo que tiene la insensibilidad del cuerpo, que se expande por un último sentimiento de empatía a la mente. Me servía de excusa para explicar porque estaba solo, completamente solo en el mundo.

Tampoco era muy agradable a la vista, ni una buena compañía. No contaba con un trabajo muy remunerado, ni ostentaba un cargo de poder, tenía todas las disposiciones necesarias para acabar en un burdel cada viernes noche. Pero tampoco iba a los burdeles, ni los viernes, ni ningún otro día de la semana. Mi vida no parecía tener sentido, y por más que lo intentase no vislumbraba porque estaba aún ahí. 

Pasaba el tiempo libre leyendo. Leía mucho, al principio historias de aventuras, piratas, vaqueros, guerreros, pero enseguida me aburrieron, todos contaban con un personaje femenino para seguir adelante a pesar de sus obstáculos. Luego me pase a las novelas policíacas y de espías, donde la muerte parecía reinar, pero ahí también estaban esos dichosos personajes femeninos que tarde o temprano hacían al protagonista plantearse cambiar el riesgo por una agradable familia. Finalmente leí novelas y relatos de terror. Solo las personas que no esperan nada del mundo pueden describir con una facilidad innata el sufrimiento. Anonadada por sus historias, por la facilidad que tenían sus protagonistas de sufrir, y, sobretodo por aquella historia donde un hombre mataba a su esposa y la emparedaba en el sótano. Todo eso me era de un nivel de agrado supremo.
Leía en aquellos momentos un libro escrito por un loco poeta yemení de la época de los Omeyas. El libro se titulaba Al Azif. Llevaba enfrascado toda la noche leyendo, y no era consciente de que llamaban a la puerta. Cuando me ví librado de mi ensoñación escuché, por fin, los golpes de la puerta. Al abrir supé de inmediato que era La Muerte la que llamaba. No llevaba toda esa simbología que le han ido atribuyendo con el tiempo. Era un tipo normal, o quizá una tipa. La cara era inexpresiva, blanca, blanca, una alba cara, sin color, sin matiz, sin vida. Fuí cortés y le invité a pasar.
Una no tiene mucho que decir a las personas, y aún menos a La Muerte. No esperaba oportunidad alguna, hasta que empezó a hablar.
  • Tú tiempo ha llegado, no quiero lamentos ni intentos de fuga, estoy dispuesto a jugar contigo una partida a lo que quieras.
Su voz era profunda, muy sonora a pesar de que no había separado los labios.
  • Supongo que no tendrá reparos en jugar una partida de ajedrez- le respondí.
Acto seguido aperecieron ante nosotros una mesa, dos sillas, un tablero de ajedrez con todas las piezas dispuestas en su sitio y un reloj de arena.
    • El visitante juega con negras- dijo.
No iba a llevarle la contraria. Estaba fascinado por una visita así porque de normal no acudía nadie a visitarme. Incluso le ofrecí un refrigerio para tomar durante la partida. Al rechazar la propuesta supusé que en realidad sí tenía prisa y yo no quería ser un estorbo. Por fin me sentía realizada con el universo, por fin servía de algo en el mundo. Quería ganar aquella partida a sabiendas de que mi adversario habría perfeccionado todas las técnicas posibles, e incluso usado algunas que jamás han sido vistas dos veces en este mundo.
Superior a mí en todos los sentidos empezó a ganar terreno con facilidad. Mientras que yo pensaba, me detenía, calculaba y hacía balance de su posible jugada, La Muerte no tardaba en volver a girar el reloj de arena. No estaba en una posición en la que fuese a ganar. Me astraje de la partida, mi mente voló, voló, pero no fue a parar a buenos recuerdos, fue a la noche anterior, cuando yo estaba mirando al firmamento, y veía el estelar concierto de luces parpadeantes, de luces que podían estar muertas pero aún las percibía, de tiempo distintos hablando a la vez, y yo era menudo, era la partícula más insignificante. Una mota momentánea de polvo viajando a miles de kilómetros ante la inmensidad del universo en expansión. Insignificante en todos los áspectos, un perdedor en todos los ámbitos, un don nadie en la vida, y un don polvo en la muerte. Incluso yo podía perder la última partida a ajedrez. 

Así que, para mí empezaba otra partida, la partida que podía perder más fácil que ganar, la partida de los nacidos para perder, de los que viven sin sentir, pero a diferencia de todos estos yo no tuve miedo, luché, perdí y acepté como una amiga, una hermana, una madre, una hija, una compañera, una camarada, una amante, una mujer al dolor que me volvía a subir en ese preciso momento a la cabeza. Mi mente se separó de mi propia mente, y como en un sueño dentro de un sueño las barreras se derrumbaron. Una mente hacía el amor con el dolor, dejando que fuese el alma la que soportase el sufrimiento, y la otra jugaba al ajedrez con una rapidez asombrosa.

Solo necesitaba un ataque, un movimiento que desestabilizase todo y que me diese la oportunidad, la única que me merecía en este tiempo, para aceptar lo que soy. Uno no puede luchar contra su propia naturaleza, ella siempre reside en nosotros, oculta como un virus letal en lo más profundo de nuestras entrañas. La encontré, claro que la encontré, y no dudé en explotarla. El “Árabe Loco” lo había predicho y yo solo me limité a añadirle una verdad indudable, había ganado.
  • No está muerto lo que puede yacer eternamente, y con extraños eones incluso la muerte puede morir. Jaque mate.
La Muerte no cambió el semblante, seguía blanca, alba, sin color, sin matiz, sin vida. Un alma debía escapar y un alma escapó de la estancia, el único ánima de la habitación, puesto que las almas destrozadas pueden haberse muerto y evadido del cuerpo sin causar su destrucción. Me levanté, no me importaba que ahí se quedase, no iba a percibir nada desagradable por la nariz o los ojos. Comencé a reír, y aún, a punto de terminar de escribir este relato sigo riendo al ver mi salón.
La Muerte había muerto.


domingo, 11 de septiembre de 2011

Carta a los terroristas

Querido terrorista:

Sé que hoy has estado viendo la jodida tele, y perdona que diga jodida, y has temblado. Sé que hace 10 años tú creías que nos íbamos a morir de miedo, nos habríamos de detener y lo hicimos, algunos solo unos segundos para luego ir raudos a salvar vidas, como todos los putos héroes que murieron en un amasigo de hierro y fuego que fue la bellísima ciudad de New York, estuvistéis a punto de hacer cambiar hasta títulos de obras literarias escritas mucho antes de que vosotros siquiera hubieseís nacido, pero no sucedió.
Hoy han pasado 10 años desde que decidieron que podían vencernos, de que el horror y el terror unidas a la ambición personal y a un poco de lo que ustedes llaman misión divina vencerían a tod@s las personas libres de este mundo, pero no contaron con todos ellos, funcionarios del glorioso coloso americano, bomberos, policías, incluso los conserjes del mismo piso que ardía, se consumía y caía derribado mostraron sus verdaderas identidades, sus poderes, la inteligencia, el honor y la dignidad.
Aterrorizados ante las llamas, siguieron como los protagonistas de las novelas en las que pensamos por qué no se rinden, por qué no se van a sus casas y dejan que la oscuridad y las sombras se apoderen del mundo; bueno, para empezar las sombras no son de su propiedad, yo sé mejor que nadie quien ostenta ese poder, la oscuridad ya se formó después de 56 minutos de incendio al caer la primera, 102 al hacerlo la segunda como buenas gemelas.
Quizás ellas ya tenían pensado caer algún día, como les pasa a los árboles que sujetos a la tierra  durante años el día más silencioso deciden caerse por una simple brisa, pero este no fue el caso, y con la caída se hizo la polvareda y la oscuridad, no veían nada, estaban bajo toneladas de escombros, atrapados, lo juro por mi tarea de matemáticas que nunca llegue a terminar, estaban aterrorizados, pero ni con esas desistieron, si pudieron salvar a alguien más y volver para caer, lo hicieron y los que ese día tuvieron la suerte de sobrevivir cada día como hoy es solo una herida sin cicatrizar, "yo pude salvar a otro más, pero no podía respirar y tuve que salir", jodidos valientes, aún darían sus vidas por salvar a más.
No solo matastéis a casi 3.000 personas, ahí murieron todos sus sueños y ambiciones y todos los sentimientos que podrían tener, pero aunque todavía os creeís intocables, os hemos vencido, os vencieron ese día sin usar ni una bala, ni una arma y os volveremos a vencer. Como tantos otros murieron por la libertad, por la que hubiese en aquel momento y como tantos otros murieron antes de tiempo, en Troya, Las Termópilas, Salamina, Los Campos Catalúnicos, Lepanto, Londres, París, Madrid. En todos esos lugares en donde alguien se sacrificó por el resto, ahí os vencimos y seguiremos haciéndolo, aunque nos cuesten otros 343 bomberos y 37 policías, aunque nos cueste otra RAF y toda la sangre y las lágrimas que son capaces de segregar nuestros cuerpos; mientras vosotros lucheís por el poder, la avaricia y la muerte y nosotros lo hagamos por el honor, la vida y la inteligencia, os habremos vencido; mientras nos sigamos besando en el hijo profundo que llegará, os habremos vencido; mientras nos besemos dormidos y despiertos se seguirán besando nuestros muertos, se seguirán besando los primeros pobladores del mundo como bien dijo Miguel Hernández y os habremos vencido; mientras haya un solo hombre y mujer libres en un lugar libre donde todos podremos reflejarnos en sus hazañas y levantarnos contra la opresión y la caricia de destrucción que nos queréis imponer os habremos vencido, seréis incapaces de doblegarnos, podréis destruir nuestros cuerpos, pero de ellos brotarán las hierbas y las flores que se impondrán en el mundo.
Queda mucho por hacer, pero cada uno de nosotros bien vale por un par de vidas futuras, por los que vendrán detrás, por los que están lejos y son inocentes, todavía no lo sabéis, pero nos tenéis miedo, verdadero terror, tenéis miedo al sacrificio de verdad, a la responsabilidad como seres humanos para con la integridad del otro.
Cascadas, cascadas y oscuridad, pero oh, siempre regresa el sol y cuando lo hace brilla más y vuela más alto, los dioses combaten a nuestro lado y las almas del resto nos animan a seguir, entre escombros, fuego, muerte y destrucción.
Debo dejarte aunque todavía no sepas porque has temblado al ver la tele, solo he de decirte que algún día nos veremos las caras, frente a frente y si llega a darse el caso de que me vencieras, hipotético e imposible, YO haré al resto más fuertes y no habrá lugar en el mundo donde no sepan de tu fechoría, no habrá lugar donde puedas dormir, ni dios al que puedas rezar porque todos me llorarán como todos lloramos por todos los héroes, pequeños gigantes que decidieron meterse en la boca del lobo de la muerte y entre los dientes de Morkai salvaron a personas que creecerán y se reproducirán, somos legión y nos temes, temes que seamos cada vez más abiertos de mente, porque cuando todos nos unamos la luz llegará creyéndose la más veloz para comprobar que el fuego que late de nuestros corazones ilumina más y es más puro.
Te deseo felices sueños, el día menos pensado miramos nuestras similitudes y acabamos contigo, mientras tanto:
¡VIVA LA VIDA Y LA LIBERTAD!

miércoles, 29 de junio de 2011

Crítica: Alien vs Predator

Alien vs. Predator

Bien, ayer estuve viendo dicha película y voy a hace una crítica de esto. Esta película es una precuela de Alien y una secuela de Predator dirigida por Paul W. S. Anderson y estrenada en 2004, cuenta en su elenco al actor que hizo de Bishop en las primeras secuelas de Alien, Lance Henriksen haciendo del millonario Charles B. Weyland. El éxito de esta película hizo que en 2007 se estrenara Aliens vs. Predato .
Un satélite artificial descubre en la Antártida un foco de calor procedente de lo que parece una pirámide antigua, el dueño es el millonario en cuestión que no duda en tirar de talonario para comprar al mejor equipo, una guía experta en el hielo, un bioquímico, dos arqueólogos, un equipo de excavación y como no, un grupo de mercenarios.
Una vez encima de la pirámide, que tiene símbolos de todas las civilizaciones de Centro y Sudamérica, se encuentran que alguien ya ha perforado y se disponen a bajar. Entran en la pirámide y uno de ellos no se da cuenta de que pisa un dispositivo que activa en la sala inferior una especie de elevador donde se encuentra una reina Alien criogenizada, en realidad han sido los yautja quienes han perforado el hielo, ya que cada cien años hacen una cacería donde los humanos son utilizados como contenedor de aliens, a partir de ahí todo se convierte en una lucha por la supervivencia en la que por supuesto no podrán oír tus gritos.

Puntos Buenos
La película cuenta con varios puntos buenos, entre ellos que se consigue mezclar las dos sagas sin romper el hilo de las películas, de ahí que se elija la Antártida como lugar para desarrollar la trama, de esta manera es comprensible que la protagonista de Alien no sepa de la existencia de estos seres, no hubiese sido lo mismo elegir New York como lugar de trama.
Por parte de Predator descubrimos que tienen un ritual de cacería para pasar a ser “Sangre Joven”, lo cual resulta ser la única novedad del film.
Hay una escena en un avión que recuerda a Jurassic Park, cuando sin saber porque les han llamado empiezan a hablar entre ellos, aquí coinciden la guía y el bioquímico, aunque no hay gag en el momento de abrocharse el cinturón gracias a dios.
Las escenas de lucha entre Alien y Predator son brutales, creando el clímax en la segunda parte de la película.
El lugar sigue captando la atmósfera claustrofóbica de Alien (1979)
El último punto bueno es de cinéfilo fan de estas sagas, la B. del apellido del millonario es Bishop, recordamos que es el mismo actor el que hace ese papel, así que 150 años después a la actualidad su empresa crea un robot con la cara de su fundador, si seguimos claro el orden cronológico de la trama de las películas.

Puntos Malos
Aquí los hay a patadas. Para empezar tenemos a personajes a los que les damos importancia en algunas escenas y luego no sirven ni para morir, tenemos una escena en la que la guía habla con la otra única mujer que acompaña la expedición, una mercenaria, hay un chiste malo sobre armas y condones y la escena se acaba. Pues esta chica no tardará en morir siendo la primera a la que le revienta la caja torácica el prealien, en una escena en qué por más que lo intentan no da miedo en absoluto.
Luego tenemos al nombrado bioquímico que no sé porque carajo va a la expedición porque no hace nada, ni toma muestras, ni nada, solo dice un par de cositas que para llevar un bioquímico no hacía falta, eso sí, morir muere en otra escena en que ni da frío ni calor.
Y aquí viene donde la matan, literalmente, el grupo de expedición es enorme, no sé puede decir un número exacto pero podrían ser unos 20 individuos, claro que a la hora de matarlos lo hacemos en tres escenas en las que no dan miedo, ni susto, ni sobresalto ni nada, en 30 segundos o los Alien o los Predator se cargan a 3 o 4 de estos pipiolos.
El hecho de que los Predator enseñasen a los humanos a construir y que los borregos de ellos se ofreciesen como sacrificio para engendrar Aliens.
El equipo va a la Antártida con uno de los mejores equipos de excavación y algunas de las mejores armas pero no lleva ningún tipo de sistema de comunicación entre ellos, solo una radio, es incoherente.
Al final los Predator recogen el cuerpo sin vida del último de ellos, el cual es evidente que tiene sirve de huésped para un alien, pero son incapaces de verlo, en la segunda mitad de la película el último Predator vivo usa una visión térmica para ver si los humanos tienen en su interior Aliens, esto hace que el final sea incoherente matando al guión justo donde tiene que ser más sólido.

Resumen
La película cuida mucho que los aficionados a las sagas no se sientan defraudados con la unión de las dos sagas, la imágenes de las luchas son impactantes y llegan a ser la parte más interesante del film, pero las grandes meteduras de patas del guión, sobretodo al final y el uso de las mismas formas en todas las películas de Alien para matar al principio sin crear suspense y miedo alguno en TODA la película la convierten en una película de ciencia ficción y ya, ni el suspense ni el miedo aparecen ni un segundo en esta película.