Estoy cansado de decir siempre lo mismo, que en este mundillo nadie se acuerda de uno salvo si su propia escalada a la cima le cruza con tu camino. La cima, algo tendrá la cima para que en el camino las personas se olviden de otros, a algunos incluso los llaman amigos, y sólo vean su propio ombligo. Algunos a esto le llaman ambición y lo intentan convertir en un sentimiento romanticista, porque todo el mundo sabe que el romanticismo fue la época con menos problemas de la humanidad. Hoy te escribo a ti joven estudiante que aún no sabes muy bien que estudiar y dónde.
Puede que ya hayas hecho alguna cosilla y te hayan empezado a dorar la píldora. No les creas. No les creas porque es mejor para ti, para tu vida emocional y psicológica. Seguramente te dicen que eres muy bueno, que puedes hacer casi cualquier cosa, igual eres de esos que aún cree que un bloc de notas y un bolígrafo son herramientas fundamentales para lo que haces. No te equivocas, el problema es que casi nadie piensa ya eso. En definitiva te dicen que eres muy bueno, pero los años pasan y tú sigues haciendo lo mismo que el año anterior y el año anterior y el anterior. Pasan los años y tú estás para solucionar problemas, para tapar huecos. Si ese año tu equipo no tiene centrales jugarás de central, si otro año el delantero centro se parte en dos la pierna te pondrán a meter goles. Da igual lo bueno que seas porque nunca es tu momento para tu oportunidad. No cometes grandes fallos, pero ves el tiempo pasar; ves como las viejas caras se van y aparecen nuevas caras y esas nuevas caras también se van y tú sigues en tu sitio con los mismos elogios de siempre.
Si eres bueno en algo no lo hagas gratis.Si eres bueno creando marcas en las empresas no lo hagas gratis, si eres bueno grabando videoclips no lo hagas gratis, si te llaman para hacer páginas webs no lo hagas gratis. Porque nadie se va a acordar de ti y si se acuerdan, reza y cruza los dedos porque actualmente no hay proyecto en el que la responsabilidad caiga en una sola cabeza. Si ya es difícil que una persona se acuerde de ti imagina dos, si ya es difícil que te cruces en el camino a la cima de una persona imagina dos. Esa es la realidad joven que aún no sabe qué va a hacer con su vida. Muy pocas personas van a estar contigo sin querer sacar nada a cambio.
Sólo hay una receta que funciona siempre joven estudiante, haz siempre lo que te gusta y dónde te guste y si en algún momento te empieza a disgustar cambia de sitio, de aires y de personas. Este mundo no es el que has visto por la televisión, aquí no hay final feliz tan sólo frío que se cala en los huesos y en ocasiones apaga llamas humanas.
Escucha a las piedras, incluso ellas tienen su grano de sabiduría. ¿Cuánta sabiduría tienes tú en cambio? Es un bien bastante escaso en los humanos, la única certeza que tienen es que van a morir.
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sábado, 30 de noviembre de 2013
domingo, 19 de agosto de 2012
Puro egoísmo
Iba con prisa; tenía que ejercer de técnico de sonido y para colmo estaba en la otra punta de la ciudad cuando me lo comunican. Corría hacía mi vehículo cuando lo vi. Un hombre de pie, con dos guitarras y gafas, enfrente al consulado italiano en Pamplona. Iba con prisa y por eso me paré. El hombre ya se había sentado y abría uno de los estuches, era una Fender acústica. Fue la mirada, la mirada de alguien que debe dejar a alguien con el que ha compartido tantas cosas que sólo es capaz de darse cuenta cuando se tiene que separar. La mirada a su guitarra.
Miré a los lados, nadie parecía percatarse de lo que ocurría, la gente caminaba demasiado ocupada o demasiado desocupada para observar lo que sucedía. ¡La gente no se percataba de la realidad! Pude irme, pero el sentimiento egoísta me venció, así que me acerqué al hombre. Estábamos tan cerca que si alguno de los dos hubiéramos dado un movimiento en falso nos habríamos golpeado. Alcé mi mano y me la dio.
-¿Tocas?- me preguntó.
- Cuando se tercia- y en ese momento se terciaba.
Así que el hombre me dejó la otra guitarra y me extendió una púa que rechacé mientras me colocaba el instrumento. Toco mal, o medianamente regular, pero cantar es otra cosa muy diferente.
-¿Wish you were here? - me preguntó.
Asentí porque no podría haber otra canción mejor que tocar, porque es una de las diez que me sé de memoria y de esa forma no haría el ridículo delante de la bandera italiana. El hombre me dejó cantar al empezar a escucharme. Yo cantaba por primera vez al universo, porque ni juntándose dos personas a tocar en la calle hubo alguien con la decencia de detenerse o aminorar su paso. Él tocaba muy bien, se notaba que llevaba muchos años tocando, muchos amores por rasgar seis cuerdas; pero el tiempo es cruel y no deja pasar ninguna.
Al terminar le devolví la guitarra y le di la mano, no había arreglado nada de su vida; sin embargo, ahí estaría en su mente el día en que alguien se detuvo cuando todos caminaban a lo suyo, sin querer mirar a otro lado. Todo ello porque me recordaba a la última escena de "Hasta que llegó su hora"; Cheyenne ya herido de muerte le dice a Armónica: "Oye Armónica, cuando te toque a ti, reza porque sea alguien que sepa donde dispara". Me recordaba a la escena porque él estaba en esa situación y yo; ya sea por el tiempo, la propia naturaleza, yo mismo o alguien que quiera derribarme tendré que pasar por ese trámite. Y espero que lo que sea sepa donde dar, porque no quiero verme en la situación de ese hombre y encontrarme que no hay quien se detenga, que no hay nadie y nunca lo hubo. Lo llamo puro egoísmo, aunque quizá sea solidaridad por si alguna vez deambulo como Cheyenne.
Miré a los lados, nadie parecía percatarse de lo que ocurría, la gente caminaba demasiado ocupada o demasiado desocupada para observar lo que sucedía. ¡La gente no se percataba de la realidad! Pude irme, pero el sentimiento egoísta me venció, así que me acerqué al hombre. Estábamos tan cerca que si alguno de los dos hubiéramos dado un movimiento en falso nos habríamos golpeado. Alcé mi mano y me la dio.
-¿Tocas?- me preguntó.
- Cuando se tercia- y en ese momento se terciaba.
Así que el hombre me dejó la otra guitarra y me extendió una púa que rechacé mientras me colocaba el instrumento. Toco mal, o medianamente regular, pero cantar es otra cosa muy diferente.
-¿Wish you were here? - me preguntó.
Asentí porque no podría haber otra canción mejor que tocar, porque es una de las diez que me sé de memoria y de esa forma no haría el ridículo delante de la bandera italiana. El hombre me dejó cantar al empezar a escucharme. Yo cantaba por primera vez al universo, porque ni juntándose dos personas a tocar en la calle hubo alguien con la decencia de detenerse o aminorar su paso. Él tocaba muy bien, se notaba que llevaba muchos años tocando, muchos amores por rasgar seis cuerdas; pero el tiempo es cruel y no deja pasar ninguna.
Al terminar le devolví la guitarra y le di la mano, no había arreglado nada de su vida; sin embargo, ahí estaría en su mente el día en que alguien se detuvo cuando todos caminaban a lo suyo, sin querer mirar a otro lado. Todo ello porque me recordaba a la última escena de "Hasta que llegó su hora"; Cheyenne ya herido de muerte le dice a Armónica: "Oye Armónica, cuando te toque a ti, reza porque sea alguien que sepa donde dispara". Me recordaba a la escena porque él estaba en esa situación y yo; ya sea por el tiempo, la propia naturaleza, yo mismo o alguien que quiera derribarme tendré que pasar por ese trámite. Y espero que lo que sea sepa donde dar, porque no quiero verme en la situación de ese hombre y encontrarme que no hay quien se detenga, que no hay nadie y nunca lo hubo. Lo llamo puro egoísmo, aunque quizá sea solidaridad por si alguna vez deambulo como Cheyenne.
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